¡América mal herida!

Pablo Mendieta La historia económica latinoamericana no ha sido monótona. En nuestro continente se han dado, varias veces y en múltiples países, auges transitorios y crisis severas. Por ejemplo, nuestro país ostenta el récord de ser el primero que experimentó una hiperinflación...

Pablo Mendieta
La historia económica latinoamericana no ha sido monótona. En nuestro continente se han dado, varias veces y en múltiples países, auges transitorios y crisis severas. Por ejemplo, nuestro país ostenta el récord de ser el primero que experimentó una hiperinflación (inflación mensual mayor a 50%) entre 1984 y 1985 sin que exista conflicto armado.
Estas oscilaciones en la producción han sido a la vez causa como consecuencia de los diversos virajes entre opciones de política económica, algunas antagónicas. Los países de la región han adoptado desde esquemas liberales ortodoxos hasta regímenes socialistas, pasando por enfoques nacionalistas y populistas.
Un factor común de la aplicación de las distintas visiones ha sido los magros resultados económicos tanto en actividad como en el plano social, con excepciones. Un ejemplo reciente es Argentina que, con dos gobiernos con enfoques disímiles en materia económica, no han generado crecimiento alto y/o sostenible.
En el ámbito boliviano ha pasado algo similar, puesto que el crecimiento promedio entre 1986 y 2005 (en la jerga actual, “neoliberalismo”), fue del 3,2%, mientras que en el periodo previo de capitalismo de estado fue un 2,4% (1952-1985).
Por tanto, si diferentes enfoques de política económica producen malos resultados, se podría inferir que el problema no radica necesariamente en los enfoques, sino en problemas del ámbito estructural de cada país y la región.
En un esfuerzo conjunto entre varios organismos internacionales (OCDE, CEPAL, CAF y la Comisión Europea), se presentó el reporte Perspectivas Económicas de América Latina 2019: Desarrollo en transición el pasado 20 de marzo.
Un aspecto crucial que señala dicho documento es que “los resultados macroeconómicos y socioeconómicos son síntomas de retos estructurales de la región”. En otras palabras, remontar la tasa de crecimiento alrededor de 1% en estos años en Latinoamérica implicará no solo la revisión de políticas coyunturales nocivas, sino fundamentalmente de problemas más estructurales como mejores instituciones, regulación proclive al bienestar de los ciudadanos y un fuerte énfasis en innovación.
A similar conclusión se llegó previamente en Bogotá los pasados 13 y 14 de marzo en el Congreso de Prospectiva Macroeconómica, organizado por la Alianza Latinoamericana de Consultorías Económicas (LAECO por sus iniciales en inglés), un conjunto de centros de investigación privados, del cual el Centro Boliviano de Economía (CEBEC) de CAINCO forma parte.
Además de manifestar la preocupación por la resolución de la crisis venezolana, se mencionó que además del restablecimiento de los equilibrios macroeconómicos, se requiere analizar los déficits estructurales.
Las heridas de América son estructurales, como lo indican las principales publicaciones serias sobre el tema, como Cardoso y Helwege (1992), Hachette (2011) y Armendariz y Larraín (2018).
Por tanto, su tratamiento requiere una terapia estructural. No una que sea paliativa y/o cosmética.

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