Nace Jesús, nace una esperanza

Vivimos en un mundo cada vez más convulsionado por la globalización económica; aparte, los efectos del cambio climático están configurando sociedades cada vez más violentas por la escasez de alimentos y el aumento del armamentismo que desata guerras, muertes de miles de personas, niños...

Vivimos en un mundo cada vez más convulsionado por la globalización económica; aparte, los efectos del cambio climático están configurando sociedades cada vez más violentas por la escasez de alimentos y el aumento del armamentismo que desata guerras, muertes de miles de personas, niños abandonados... En América Latina, el incipiente socialismo del siglo XXI no dio resultado, muchos creyeron en los falsos profetas de crear una sociedad justa, igualitaria y solidaria, y al cabo de 15 años nos dimos cuenta de que todo quedó en el intento, porque se enriquecieron los que ostentan el poder y las grandes mayorías una vez más continúan en la pobreza.

En el plano económico, la brecha entre pobres y ricos no se logró cerrar; es más, creo que se abrió más porque se observa a cientos de familias migrar en pos de mejorar sus ingresos económicos. En lo social, si bien se ha recuperado la autoestima y el empoderamiento de algunos sectores sociales, continúa la discriminación y segregación social. En lo cultural se observa una búsqueda constante de reafirmar la identidad cultural, es decir, las personas y sectores sociales dejaron los antiguos esquemas de superioridad y se bajaron a entreverarse con los sectores empobrecidos que mantienen y expresan sus tradiciones culturales. Junto a esta búsqueda de afirmación cultural, se expresa el ferviente acto religioso como bálsamo para el espíritu.

Este es el panorama mundial, nacional y departamental que viven los diferentes sectores sociales. Producto de las guerras, actos de terrorismo, corrupción, pobreza, migración, elementos adversos a la paz y felicidad de los seres humanos, se busca afanosamente referentes que promuevan la fe y esperanza.

Lo cierto es que el único referente que nos conduce a construir un mundo más fraterno y solidario es Jesús, el hijo de Dios, que nació en un pesebre, pobre, pero con un rico espíritu de amor al prójimo. En su corto paso por la tierra nos dejó todo un mensaje de amor desde que nació hasta que murió. Y nosotros hacemos todo lo posible por vivir en contra del mensaje de amor de Cristo. El mensaje de Jesús sigue vigente y, en la medida en que seguimos sus enseñanzas, estamos colaborando a construir un mundo de paz, de alegría, de esperanza. Con Navidad nace Jesús, nace una esperanza.

Artículos Recientes