La honestidad no tiene precio

De todas las personas que conoces ¿a quiénes consideras realmente honestas? ¿con quiénes puedes hablar con sinceridad? Encontramos muchas personas en el mundo, es fácil hacer amigos, conocer caras bonitas, personas simpáticas que puedan adaptarse a nuestro ritmo y a nuestra manera de...

De todas las personas que conoces ¿a quiénes consideras realmente honestas? ¿con quiénes puedes hablar con sinceridad?

Encontramos muchas personas en el mundo, es fácil hacer amigos, conocer caras bonitas, personas simpáticas que puedan adaptarse a nuestro ritmo y a nuestra manera de ser, sin embargo, son contadas las personas que realmente pueden ser auténticas y honestas con nosotros, aquellas que nos dirán aquello que realmente necesitamos escuchar para poder transformar.ón

Ser honesto es tener el valor de decir la verdad, ser razonable, ser decente, ser íntegro, en sentidos muy simples la honestidad puede entenderse como respeto a la verdad en relación con el mundo exterior, con los hechos y con las otras personas, pero también implica un sentido en la relación con otras personas y con nosotros mismos.

Podemos entender entonces que quien es honesto actúa con honor y aquel que actúa con honor por ende actúa con sinceridad, pues tiene la valentía de decir la verdad, sin embargo, esta no es la regla, es un tanto flexible, pues muchos de nosotros conocemos personas que aún no actuando de la manera correcta o apegados a algún código de honor, quizás han sido las personas más honestas y sinceras que hemos conocido, pueden incluso llegar a ser crueles para nuestros oídos, pues siempre tienen la tendencia a decirnos la verdad de una manera muy dura, franca y directa.

Quizás es momento de que comencemos a valorar a estas personas en nuestra vida, no por que digan las cosas de una manera no muy grata quiere decir que no merezcan tal reconocimiento, la honestidad no tiene precio y hoy día son pocas las personas que asumen esta característica, esta virtud de ser honestos y de ser sinceros con los demás, vivimos ajustados a un mundo donde cada quien dice lo que cree que el otro desea escuchar, irrespetándose a sí mismo y actuando de una manera cobarde ante sus amigos, ante su pareja, ante sus hijos, ante los seres que amamos.

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