Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan
Con esa profunda idea se imprimió el manifiesto Liminar que originó la Reforma Universitaria en la ciudad de Córdoba Argentina. Sucedió en junio de 1918. Hace 100 años de aquella epopeya gloriosa de jóvenes estudiantes que gritaron por la transformación universitaria pero también...
Con esa profunda idea se imprimió el manifiesto Liminar que originó la Reforma Universitaria en la ciudad de Córdoba Argentina. Sucedió en junio de 1918. Hace 100 años de aquella epopeya gloriosa de jóvenes estudiantes que gritaron por la transformación universitaria pero también política y social. Un hecho que impacto en el mundo pero ante todo en los pueblos de Sud América.
Aquellos universitarios sintieron que el sistema educativo superior en la Universidad de Córdoba, fundada en 1613, se había agotado, ya que no respondía a las exigencias de los nuevos tiempos, post primera guerra mundial. Un régimen anacrónico. Fundado en un derecho divino de las autoridades universitarias “bárbaro y arcaico” “que protege la falsa dignidad y la falsa competencia”.
Así despertó el espíritu transformador en reclamo de una verdadera democratización de la enseñanza. Por lo que la lucha no fue en vano. Se plantó la semilla que luego dio sus frutos en el continente. Así se logró la extensión universitaria, la cátedra libre, la publicidad de los actos universitarios, la educación laica y de acceso para todos, promoción de la investigación (según demandas de cada región), ayuda social al estudiante, relación solidaria estudiante – obrero, co gobierno y autonomía universitaria.
Estos postulados sin duda inspiraron a los países vecinos y fue así que en Bolivia, el año 1930 se instituye el régimen autonómico en las universidades nacionales de ese entonces. Es decir, que nuestra universidad, Juan Misael Saracho, fundada en 1946 ya nace con estos principios que rigen hasta nuestros días.
Sin embargo, recordando el espíritu de la Reforma y su Manifiesto cabe reflexionar sobre aquellas benditas ideas que forjaron un nuevo paradigma no sólo en los claustros superiores de la educación. ¿Cumple la función por la cual fue creada?, ¿Propulsa los saberes con responsabilidad?, ¿La ética hace parte de su formación transversal?, ¿Cuestiona al modelo imperante de un Estado centralista y dictador?, entre otras interrogantes más que seguro habría que plantearse.
Pero claramente que la respuesta es un NO absoluto, porque dejó de ser un espacio público de reflexión al caer en los sarcófagos de la burocracia y las feudos camarillas anquilosadas en el poder, que terminaron también arrastrando al estamento estudiantil a una supervivencia instrumental del conocimiento.
A decir de la ex rectora de la Universidad Nacional de Córdoba UNC, Carolina Scotto, “las universidades no pueden enseñar si no aprenden, no pueden construir nuevos conocimientos si no revisan o suspenden los recibidos, no pueden ni transmitir ni edificar las líneas del crecimiento cultural que se proyecta a través de las generaciones, si no son capaces de interpretar, cuestionar o imaginar su misión evitando la tentación de la autorreproducción y el fantasma del aislamiento”.
Por mi parte, agradecer a la Universidad de Córdoba por haberme acogido en sus aulas y permitirme recibir sus enseñanzas sustentadas en principios de la Reforma estudiantil, con una amplia visión hacia las ciencias sociales con preeminencia en el enfoque marxista - cultural. Sólo queda decir a la Docta y a mi progenitor, muchas gracias.
*Lic. en Comunicación Social de la UNC.
Aquellos universitarios sintieron que el sistema educativo superior en la Universidad de Córdoba, fundada en 1613, se había agotado, ya que no respondía a las exigencias de los nuevos tiempos, post primera guerra mundial. Un régimen anacrónico. Fundado en un derecho divino de las autoridades universitarias “bárbaro y arcaico” “que protege la falsa dignidad y la falsa competencia”.
Así despertó el espíritu transformador en reclamo de una verdadera democratización de la enseñanza. Por lo que la lucha no fue en vano. Se plantó la semilla que luego dio sus frutos en el continente. Así se logró la extensión universitaria, la cátedra libre, la publicidad de los actos universitarios, la educación laica y de acceso para todos, promoción de la investigación (según demandas de cada región), ayuda social al estudiante, relación solidaria estudiante – obrero, co gobierno y autonomía universitaria.
Estos postulados sin duda inspiraron a los países vecinos y fue así que en Bolivia, el año 1930 se instituye el régimen autonómico en las universidades nacionales de ese entonces. Es decir, que nuestra universidad, Juan Misael Saracho, fundada en 1946 ya nace con estos principios que rigen hasta nuestros días.
Sin embargo, recordando el espíritu de la Reforma y su Manifiesto cabe reflexionar sobre aquellas benditas ideas que forjaron un nuevo paradigma no sólo en los claustros superiores de la educación. ¿Cumple la función por la cual fue creada?, ¿Propulsa los saberes con responsabilidad?, ¿La ética hace parte de su formación transversal?, ¿Cuestiona al modelo imperante de un Estado centralista y dictador?, entre otras interrogantes más que seguro habría que plantearse.
Pero claramente que la respuesta es un NO absoluto, porque dejó de ser un espacio público de reflexión al caer en los sarcófagos de la burocracia y las feudos camarillas anquilosadas en el poder, que terminaron también arrastrando al estamento estudiantil a una supervivencia instrumental del conocimiento.
A decir de la ex rectora de la Universidad Nacional de Córdoba UNC, Carolina Scotto, “las universidades no pueden enseñar si no aprenden, no pueden construir nuevos conocimientos si no revisan o suspenden los recibidos, no pueden ni transmitir ni edificar las líneas del crecimiento cultural que se proyecta a través de las generaciones, si no son capaces de interpretar, cuestionar o imaginar su misión evitando la tentación de la autorreproducción y el fantasma del aislamiento”.
Por mi parte, agradecer a la Universidad de Córdoba por haberme acogido en sus aulas y permitirme recibir sus enseñanzas sustentadas en principios de la Reforma estudiantil, con una amplia visión hacia las ciencias sociales con preeminencia en el enfoque marxista - cultural. Sólo queda decir a la Docta y a mi progenitor, muchas gracias.
*Lic. en Comunicación Social de la UNC.


