A todas las madres
Mi madre, mi mamita como siempre le dije, y le diré aun cuando ya no esté conmigo, me inculcó en la sangre y en los tuétanos desde el mismo inicio de mi existencia el amor, la honestidad, la justicia y la valentía. Hoy, cuando ya en la mente de algunos se ha desvanecido ese día que todos...
Mi madre, mi mamita como siempre le dije, y le diré aun cuando ya no esté conmigo, me inculcó en la sangre y en los tuétanos desde el mismo inicio de mi existencia el amor, la honestidad, la justicia y la valentía.
Hoy, cuando ya en la mente de algunos se ha desvanecido ese día que todos celebran con algarabía como “el de las madres”, y desde ahí hasta hoy ni le han devuelto una llamada a la suya, yo aprovecho para dedicarles unas frases a todas ellas.
Así escribo este poema para saludar también a aquellos padres que hacen de madres, a aquellas mujeres que desean ser madres y a pesar de los tratamientos científicos no lo han logrado o a las que finalmente lo consiguieron pero el destino les arrebató lo que más querían y también saludo a las que no decidieron ser madres pero la vida les dio un hijo y aprendieron a amarlo.
Saludo también a las abuelitas, las nonas, las segundas madres, que son un gran soporte de las madres actuales. En fin a todas que por algún motivo cumplen ese hermoso rol que sostiene a nuestras sociedades.
Las huellas de mi madre
Sus ojos nublados de espesas lágrimas,
Su rostro ajado por mil desengaños,
Sus ásperas manos se vuelven ternura
cuando tocan los rostros de sus amados hijos
Sus pasos se arrastran por toda la casa,
remolcan recuerdos de tristes momentos.
Sus grises cabellos almacenan nostalgia,
de suaves caricias y vientos fugaces
Sus delgados labios, testigos de amores,
han definido el amor millones de veces.
En todo su cuerpo hay huellas divinas,
del tiempo, el empeño y su sacrificio
“50 años de madre no es poca cosa”,
le dice una amiga, como justificando
aquel deterioro…
Pero lo que no sabe es que en mi pequeña casa
no hay mejor cosa que sus delgados labios,
sus pesados pasos, aquellas grises canas y
su marchito rostro que nos alegra todo…
Hoy, cuando ya en la mente de algunos se ha desvanecido ese día que todos celebran con algarabía como “el de las madres”, y desde ahí hasta hoy ni le han devuelto una llamada a la suya, yo aprovecho para dedicarles unas frases a todas ellas.
Así escribo este poema para saludar también a aquellos padres que hacen de madres, a aquellas mujeres que desean ser madres y a pesar de los tratamientos científicos no lo han logrado o a las que finalmente lo consiguieron pero el destino les arrebató lo que más querían y también saludo a las que no decidieron ser madres pero la vida les dio un hijo y aprendieron a amarlo.
Saludo también a las abuelitas, las nonas, las segundas madres, que son un gran soporte de las madres actuales. En fin a todas que por algún motivo cumplen ese hermoso rol que sostiene a nuestras sociedades.
Las huellas de mi madre
Sus ojos nublados de espesas lágrimas,
Su rostro ajado por mil desengaños,
Sus ásperas manos se vuelven ternura
cuando tocan los rostros de sus amados hijos
Sus pasos se arrastran por toda la casa,
remolcan recuerdos de tristes momentos.
Sus grises cabellos almacenan nostalgia,
de suaves caricias y vientos fugaces
Sus delgados labios, testigos de amores,
han definido el amor millones de veces.
En todo su cuerpo hay huellas divinas,
del tiempo, el empeño y su sacrificio
“50 años de madre no es poca cosa”,
le dice una amiga, como justificando
aquel deterioro…
Pero lo que no sabe es que en mi pequeña casa
no hay mejor cosa que sus delgados labios,
sus pesados pasos, aquellas grises canas y
su marchito rostro que nos alegra todo…


