¿Qué pasa en el Banco Unión?
Realmente resulta sorprendente —y preocupante— que se repitan una y otra vez espectaculares desfalcos en el Banco Unión. Al mismo tiempo es tranquilizador saber que los usuarios de dicho banco tienen sus depósitos garantizados. Pero sea quien fuere el perjudicado, no se entiende cómo...
Realmente resulta sorprendente —y preocupante— que se repitan una y otra vez espectaculares desfalcos en el Banco Unión. Al mismo tiempo es tranquilizador saber que los usuarios de dicho banco tienen sus depósitos garantizados. Pero sea quien fuere el perjudicado, no se entiende cómo pueden repetirse dichos desfalcos, que además aparecen condimentados con dosis nunca vistas de cinismo y espectacularidad por parte de los sucesivos desfalcadores…
Por lo demás la afirmación vicepresidencial de que dichos desfalcos “son normales” no resulta muy convincente. ¿Será casualidad que todos los que últimamente han salido a luz se hayan dado precisamente en ese banco, que es estatal? En todo caso no deja de ser significativo el hecho de que la Directora de la ASFI haya exhortado a los ejecutivos de dicho banco a que adopten medidas correctivas. Esa exhortación implica que dichos desfalcos no son tan “normales”, sino que resultan más bien alarmantes, y por supuesto son corregibles. Lo mismo se deduce del hecho de que el presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia haya manifestado su preocupación por los robos multimillonarios que ha sufrido el Banco Unión, y haya criticado a quienes administran la financiera estatal.
Pero más allá de lo que digan la ASFI O la CEPB, vale la pena que nos preguntemos, como ciudadanos/as, qué está pasando en nuestro país.
El primer dato novedoso es que la cantidad de dinero existente en Bolivia es sin duda muy superior a la que hubo en toda nuestra historia —dato que sin duda es positivo—, pero que al mismo tiempo nos encontramos con otro elemento novedoso que es la valoración social del despilfarro, de la exhibición de la riqueza, cosa que nunca había sido característica de nuestra cultura nacional. ¿Será que es el propio Estado el que ha iniciado la nueva cultura del despilfarro (ahí están los sucesivos palacios —jacuzzis y alfombras persas incluidos—; ahí están los aeropuertos que no se usan; ahí los contratos millonarios para organizar la apertura de los juegos ODESUR; ahí los negociados con mochilas y desayunos escolares; ahí los onerosos contratos con empresas chinas; todo ello a vista y paciencia del público y sin ninguna muestra de pudor)?
El segundo dato preocupante es lo que podríamos llamar la socialización de la corrupción. Con frecuencia se oye o se lee que actualmente la corrupción en Bolivia es mayor que en cualquier otra época. No parece que sea cierto. Lo que ocurre es que, al haber mucho más dinero que nunca, el mismo porcentaje de corrupción se traduce en cantidades cada vez mayores; y también que la mayoría de los actuales corruptos son novatos, por tanto inexpertos, por tanto mucho más visibles que en etapas anteriores donde la mayoría de los corruptos eran lo suficientemente hábiles como para no dejarse pescar. Siendo lo más triste de este hecho la participación nunca vista de dirigentes indígenas en los escándalos de corrupción…
Pero a esto se añade una tercera hipótesis (más que dato) que tiene que ver con los criterios vigentes entre las actuales autoridades estatales a la hora de contratar personal. En esos criterios parece tener mayor importancia la valoración de actitudes y méritos “políticos” de los candidatos que la valoración de su capacidad profesional y su solvencia ética. Así se explica que la banca privada no esté sufriendo ese tipo de desfalcos, porque a la hora de contratar personal responsable se presta más atención a su formación y solvencia profesional que a sus posiciones político-partidarias. Mientras que en un banco estatal, como es el Banco de la Unión, es probable que los criterios de contratación tengan más en cuenta factores como la militancia partidaria, o la cercanía a personajes que tienen poder político.
Y ojo, con lo dicho no pretendo responsabilizar a nadie en concreto de lo ocurrido en el Banco Unión; sólo pretendo plantear algunas hipótesis explicativas con el fin de modificar criterios y evitar que los desfalcos se sigan sucediendo…
Por lo demás la afirmación vicepresidencial de que dichos desfalcos “son normales” no resulta muy convincente. ¿Será casualidad que todos los que últimamente han salido a luz se hayan dado precisamente en ese banco, que es estatal? En todo caso no deja de ser significativo el hecho de que la Directora de la ASFI haya exhortado a los ejecutivos de dicho banco a que adopten medidas correctivas. Esa exhortación implica que dichos desfalcos no son tan “normales”, sino que resultan más bien alarmantes, y por supuesto son corregibles. Lo mismo se deduce del hecho de que el presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia haya manifestado su preocupación por los robos multimillonarios que ha sufrido el Banco Unión, y haya criticado a quienes administran la financiera estatal.
Pero más allá de lo que digan la ASFI O la CEPB, vale la pena que nos preguntemos, como ciudadanos/as, qué está pasando en nuestro país.
El primer dato novedoso es que la cantidad de dinero existente en Bolivia es sin duda muy superior a la que hubo en toda nuestra historia —dato que sin duda es positivo—, pero que al mismo tiempo nos encontramos con otro elemento novedoso que es la valoración social del despilfarro, de la exhibición de la riqueza, cosa que nunca había sido característica de nuestra cultura nacional. ¿Será que es el propio Estado el que ha iniciado la nueva cultura del despilfarro (ahí están los sucesivos palacios —jacuzzis y alfombras persas incluidos—; ahí están los aeropuertos que no se usan; ahí los contratos millonarios para organizar la apertura de los juegos ODESUR; ahí los negociados con mochilas y desayunos escolares; ahí los onerosos contratos con empresas chinas; todo ello a vista y paciencia del público y sin ninguna muestra de pudor)?
El segundo dato preocupante es lo que podríamos llamar la socialización de la corrupción. Con frecuencia se oye o se lee que actualmente la corrupción en Bolivia es mayor que en cualquier otra época. No parece que sea cierto. Lo que ocurre es que, al haber mucho más dinero que nunca, el mismo porcentaje de corrupción se traduce en cantidades cada vez mayores; y también que la mayoría de los actuales corruptos son novatos, por tanto inexpertos, por tanto mucho más visibles que en etapas anteriores donde la mayoría de los corruptos eran lo suficientemente hábiles como para no dejarse pescar. Siendo lo más triste de este hecho la participación nunca vista de dirigentes indígenas en los escándalos de corrupción…
Pero a esto se añade una tercera hipótesis (más que dato) que tiene que ver con los criterios vigentes entre las actuales autoridades estatales a la hora de contratar personal. En esos criterios parece tener mayor importancia la valoración de actitudes y méritos “políticos” de los candidatos que la valoración de su capacidad profesional y su solvencia ética. Así se explica que la banca privada no esté sufriendo ese tipo de desfalcos, porque a la hora de contratar personal responsable se presta más atención a su formación y solvencia profesional que a sus posiciones político-partidarias. Mientras que en un banco estatal, como es el Banco de la Unión, es probable que los criterios de contratación tengan más en cuenta factores como la militancia partidaria, o la cercanía a personajes que tienen poder político.
Y ojo, con lo dicho no pretendo responsabilizar a nadie en concreto de lo ocurrido en el Banco Unión; sólo pretendo plantear algunas hipótesis explicativas con el fin de modificar criterios y evitar que los desfalcos se sigan sucediendo…


