Cuentas y cuentos de los subgobernadores
La figura del ejecutivo seccional electo fue incluida en la configuración autonómica originaria de Tarija en una jugada dirigida por el entonces prefecto Mario Cossío, presionado por el todavía subgobernador de O`Connor Walter Ferrufino, durante aquellas maratonianas jornadas de Consejo...
La figura del ejecutivo seccional electo fue incluida en la configuración autonómica originaria de Tarija en una jugada dirigida por el entonces prefecto Mario Cossío, presionado por el todavía subgobernador de O`Connor Walter Ferrufino, durante aquellas maratonianas jornadas de Consejo Departamental que alumbraron a marchas forzadas el Estatuto Autonómico para entrar en el calendario político nacional con fuerza. Es esencial en el ejercicio del poder democrático que todo órgano ejecutivo esté controlado por un órgano legislativo donde reside la voluntad popular territorial con mayor nitidez sea cual sea la fórmula elegida para seleccionarlos. Durante ocho años, los subgobernadores han eludido este principio básico que debería salvaguardar la transparencia de la gestión, pero no han sido los únicos.La falta grave de que durante ocho años ningún ejecutivo seccional primero y subgobernador después haya pisado el hemiciclo para explicar dónde estaba poniendo los alegres millones que don Lino Condori les enviaba primero y dónde estaban faltando cuando a don Adrián Oliva le escaseaban, es de los 30 asambleístas. Todos ellos bien pagados.Nunca ninguna directiva ni ninguna bancada con convicción habían logrado doblegar la voluntad de los ejecutivos de las secciones municipales, que preferían vivir tranquilos en silencio que dar explicaciones y complicarse. Ha tenido que ser Sara Armella la primera presidenta que logre ponerle el cascabel al gato sometiendo a los ejecutivos a su control rutinario y no es casual. A Sara Armella le sobra legitimidad política para hacer lo que hace y no va a arrugarse ante aquellos que, desde la lejanía, pretenden imponer caudillismos caciquiles de los de antes.Los subgobernadores nacieron como un cálculo, un mecanismo que permitía dividir los municipios en dos bloques y al Gobernador de turno elegir con quien llevarse mejor y peor para poder hacer actos y obras en común que fueran reconocidas por el pueblo. Una idea “acorde” a los tiempos de la “mucha plata” que se venía. A Mario Cossío apenas le dio tiempo de hacer pruebas al respecto, y cuando llegó Lino Condori al interinato los recursos crecían a tal velocidad que, dada su habilidad, no era capaz de distribuirlos coherentemente. Condori se convirtió en una gran máquina de distribuir recursos a diestro y siniestro tanto para las subgobernaciones como para los municipios, unos por delegación, otros en forma de proyectos concurrentes. El atasco llegó a máximos a finales de 2013. Los subgobernadores y alcaldes se habían convertido en máquinas de idear proyectos de todos los tamaños y colores, máquinas de licitar, máquinas de adjudicar y máquinas de firmar contratos, mientras que la institución pública llamada a ejercer el control nunca abrió la boca ante lo que pasaba.El proceso abierto en Entre Ríos sobre los 600 millones en contratos que firmó Ferrufino unas horas antes de renunciar para volverse a presentar al cargo es el paradigma de lo que sucedía por aquellas fechas en las subgobernaciones mientras los asambleístas miraban para otro lado.Con la caída del precio del petróleo cayeron los presupuestos y las subgobernaciones y municipios quedaron al descubierto. La chapuza de Lino Condori fue evidenciada. Sin embargo, los asambleístas siguieron haciendo el coro a quienes se suponía tenían que controlar invirtiendo los roles. Después vinieron los cuentos, como los que se escucharon ayer, donde algunos trataron de abstraer a Tarija del mundo y negar las consideraciones propias, incluso semánticas, de lo que significa un presupuesto, para presentar a Adrián Oliva como el malo de siete cabezas.Los subgobernadores, en su condición de electos y emoción de reyes, están por desaparecer, salvo que la Asamblea decida alguna cosa en contra de su propio Estatuto Autonómico. La llave, de momento, la tiene Sara Armella, que ha empezado a tomar la medida de sus correligionarios, escuchando sus cuentas y sus cuentos, que saben a poco.


