La planta huele mal
Tarija ha dejado pasar sus mejores años en materia de ingresos por la venta del preciado gas. Nadie sabe con claridad donde se han ido todos aquellos recursos que se anunciaban con jolgorio. No están en las provincias, a las que se sigue llegando con dificultad por las carreteras que se...
Tarija ha dejado pasar sus mejores años en materia de ingresos por la venta del preciado gas. Nadie sabe con claridad donde se han ido todos aquellos recursos que se anunciaban con jolgorio. No están en las provincias, a las que se sigue llegando con dificultad por las carreteras que se construyeron antes del boom económico; no están en la capital, donde las infraestructuras de tamaño desproporcionado siguen buscando financiación para completar su construcción y peor su infraestructura.Las plantas de tratamiento que necesitaba Tarija para crecer como una gran ciudad y no como una ocurrencia acomodada de sus gestores, calculadores a cada momento, son un claro ejemplo de ello. Durante diez años nadie le dio bola a los vecinos de San Luis que se desgañitaban en la plaza ni a los medios de comunicación que recurrentemente se abordaba el tema no solo por los olores, sino también por el impacto en la salud y los perjuicios en el desarrollo urbanístico de la ciudad. Durante años, las lagunas de oxidación han emitido las señales suficientes como para advertir que la situación estaba al límite de sus posibilidades. Es curioso de ver a jóvenes políticos enfrentarse a este proyecto con ilusión y energía renovada, repitiendo los mismos argumentos que durante años se han publicado. Peor es todavía verlos calcar estrategias a la hora de culpar a discreción ante el fracaso que se percibe en el ambiente.Fue el presidente Evo Morales quien en plena campaña del referéndum del 21 de Febrero de 2016, cuando buscaba por la vía democrática que se obviara la Constitución por una sola vez para ser candidato en 2019, quien prometió una cifra mareante de recursos para la planta de tratamiento del barrio San Luis. Nadie le puso una pistola en la cabeza ni le prometió una victoria contundente si decía esas palabras. Llegó y lo dijo. Ahí están las hemerotecas.Cuando el alcalde Rodrigo Paz y el gobernador Adrián Oliva quisieron hacer efectiva aquella promesa unos meses después, en lo que se esperaba fuera una coordinación pragmática, la cuestión empezó a complicarse.Es difícil de creer que la obra más deseada por los tarijeños de la capital sea la construcción de la planta de Tratamiento de Aguas Residuales. Sí lo es para los vecinos que sufren sus fétidos olores, los de San Luis, los de San Blas, los de San Jerónimo, los de los barrios nuevos hacia El Portillo, los de Fabril y Juan XXIII según sopla el viento y según el calor que hace. En este verano que ha sido medio gris, apenas nos hemos acordado. En cualquier caso, alguna consultora colocó con éxito este tema en las agendas políticas, donde se asumieron como una prioridad por el saneamiento y salud. Las grandes obras de ciudad, etc.Oliva y Paz también hicieron cálculos y de ahí nació la planta de San Blas, que necesariamente debe ser complementaria a la gran planta del lado izquierdo del río, a construirse en San Luis. De esta forma se cumple un compromiso, aunque no sea la necesidad completa. En cualquier caso, quien asumió compromisos para construir la planta de San Luis fue el Gobierno Central y está en su legítimo derecho de resolverlo como considere. En ese contexto, la Gobernación y el Gobierno Municipal hacen bien en tender la mano y sugerir soluciones, pero no parece procedente, al menos por el momento, atizar un conflicto que solo puede acabar perjudicando a los ciudadanos. Si cuando lleguen las elecciones no hay planta, todos los políticos serán responsables, lo que no quiere decir que los ciudadanos no vayan a cobrarse la factura de lo que ha pasado en estos cinco años. Demasiado tiempo para poner una primera piedra en una planta esencial. Es momento de decir basta a las batallas de siempre, apartar a los políticos y exigir compromisos concretos desde la sociedad civil para conseguir de una vez concluir la planta. Que huele.


