El mar, razón de Estado
Los analistas, salvo algunos discordantes, coinciden en la brillante exposición jurídica de los argumentos bolivianos y la solidez de la demanda. Muchos coinciden en que la propia resolución de la excepción planteada por Chile y con la que la Corte Interamericana de Justicia se declaró...
Los analistas, salvo algunos discordantes, coinciden en la brillante exposición jurídica de los argumentos bolivianos y la solidez de la demanda. Muchos coinciden en que la propia resolución de la excepción planteada por Chile y con la que la Corte Interamericana de Justicia se declaró competente a finales de 2015 para juzgar el caso supuso un anticipo del fallo, pues se aceptó el planteamiento boliviano basado en los derechos expectaticios generados por las promesas chilenas y por lo tanto, difícilmente se podrá cambiar el criterio de su consecuencia final, pese a los cambios que ha sufrido el Tribunal de La Haya.Los analistas más interiorizados también están aclarando el alcance de un posible fallo, pues también cunde en el país la sensación de que, por mucho que la Corte en La Haya de la razón a Bolivia y siente a negociar a Chile, nunca se va a lograr un acuerdo verdadero que desbloquee el tema. Un argumento que se ha propagado y que, evidentemente, tiene mucho que ver con la posición política y la necesidad de los sectores de oposición de restar protagonismo a Evo Morales.Estos analistas más interiorizados indican que el fallo no dejaría al libre albedrío chileno la instalación de un diálogo de buena fe que permita obtener el resultado esperado por Bolivia y comprometido por Chile en innumerables ocasiones y a través de diferentes Gobiernos, como es la salida soberana al mar.Si esto pasa, Bolivia y Chile tendrán que sentarse en un plazo perentorio, que obviamente no será inmediato sino mucho después, cuando se enfríen los ánimos y se hayan pensado estrategias creativas para el ganar – ganar. De no hacerlo, Chile podría ser sometido a sanciones internacionales además de crear un precedente peligroso para su diplomacia y aspiraciones. Es evidente que Chile también puede abandonar la Corte Interamericana de Justicia y no reconocer la legalidad internacional, lo que lo convertiría en un país de segunda línea con impacto de diferentes aspectos, como el de la financiación multilateral, y se le cerrarían otros muchos foros internacionales donde la clase política chilena tiene muchos intereses. Más allá de lo que dicen los analistas y los expertos juristas que se aventuran a dar alguna orientación, los que promueven la campaña de contención y desconfianza hacia el posible resultado son mayoritariamente opositores, como aquellos que proclaman ya la victoria sin paliativos y alistan sus discursos de proclama, al mismo tiempo que circunscriben todo lo que sucede al respecto de la demanda con la existencia del mandatario Evo Morales son, fundamentalmente, oficialistas. Como lo eran los que el sábado salieron a desplegar la “bandera más grande del mundo”, dado el creciente interés del Gobierno y el MAS de “defender el proceso en las calles” como instruyó el vicepresidente Álvaro García Linera.El acto del banderazo ha servido poco para unir a los bolivianos, la extraña medida final, de 196,5 kilómetro no responde exactamente a nada y para los que lo vemos desde la otra punta del país, más bien nos ha parecido un repliegue de fuerzas del oficialismo a un territorio cada más reducido del país, así que difícilmente se ha podido alcanzar algún otro objetivo político estratégico en clave interna, más al contrario. Cuando llegue el momento de hacer cumplir la legalidad internacional, la comunidad entera va a pedir un Gobierno legítimamente legitimado en las ánforas y en las disposiciones constitucionales, valga la redundancia. Entonces será el momento de plantear aquello de la Arica Trinacional, cualquier posibilidad de canje territorial u otras fórmulas creativas sobre los espacios fronterizos no delimitados.Hasta entonces, no conviene hacer ningún tipo de especulaciones y mucho menos atribuirse éxitos que no se han producido. Peor aún pretender confundirse con la razón del Estado. La aspiración marítima está por encima de cualquier gobierno. Es pertinente recordarlo.


