Derrota del MAS y de Evo
Hace dos semanas concedió bajar los dos artículos polémicos que no gustaba ni a médicos ni transportistas. Dos artículos netamente sectoriales de difícil oposición, pero que ante la movilización de más de 30 días por entonces y el temor a que el Dakar se viera empañado, concedió...
Hace dos semanas concedió bajar los dos artículos polémicos que no gustaba ni a médicos ni transportistas. Dos artículos netamente sectoriales de difícil oposición, pero que ante la movilización de más de 30 días por entonces y el temor a que el Dakar se viera empañado, concedió eliminar del ordenamiento jurídico. El uno tipificaba la negligencia médica, esa que ha existido siempre y que, de no tener figura propia, se juzga por homicidio culposo o imprudente, o lesiones. El otro tipificaba y daba penas más leves a quien matara con su vehículo que además constituía su fuente de trabajo. Igualmente tipificado como homicidio o lesiones según la gravedad.Los opositores reaccionaron con agilidad y negaron la concesión. El Código Penal tenía (o tiene, o iba a tener) todo un espíritu controlador y dedicado a reprimir y contener la libertad de cualquier tipo, de prensa, de información, de expresión y casi hasta de pensamiento. Es lo que se desprende de la lectura global de los artículos y no de los demagógicos preámbulos enraizados en la cultura cristiana del perdón y que obviamente acompañan la redacción de un texto de este tipo desde una óptica de pseudo izquierda, como la que dice que gasta el Gobierno sin atender a sus propios actos, y que habla de reinserción y redención.El pulso llegó al punto en el que el propio Evo Morales, de nuevo, tuvo que anunciar que el Código se ponía en cuarentena durante un año en el que la Comisión y los teóricamente afectados dialogarían sectorialmente para eliminar los artículos que consideraran atentatorios. Afortunadamente no se ha dado eso, pues podría haber acabado configurando un Código Penal en el que ninguna conducta punitiva fuera sancionada y sin embargo, haber mantenido el espíritu represor global que, como no afecta a nadie en concreto, no hubiera importado demasiado.El 21 de enero de 2017 quedará en la historia como aquel Año Nuevo en el que el mismo Evo bajó el ocurrente gasolinazo decretado días antes, pero si bien aquel 2010 acababa de ganar unas elecciones de forma contundente e inapelable, en 2018 las fuerzas se encaminan hacia una campaña electoral que será larga y que tiene mucha más memoria, digital, que la de entonces, analógica y en papel.Era evidente que la pelea por el Código Penal era eminentemente política de rechazo a quien debiera aplicar esa norma, que son los mismos electos el 3 de diciembre con mayoría de voto nulo y los mismos que permitieron la habilitación de Evo para 2020 reescribiendo la Constitución Política del Estado, anulando la limitación de mandatos, sin tener competencias para ello.La lamentable gestión con la que el Gobierno ha pretendido imponer el Código Penal y ponerlo en aplicación ha vuelto a propinar un severo golpe a Morales y el proyecto político que en su momento pretendía representar. No sirven en este punto las excusas de que nadie desde marzo de 2017, cuando se presentó el primer borrador, habló nada exceptuando el punto del aborto. Bolivia hoy mantiene un Código obsoleto y sobre todo, que nadie cumple, y eso es responsabilidad ineludible de los gestores.La disyuntiva ahora para los grupos y sectores que han motivado la lucha contra el Código Penal pensando en realidad en la sentencia que habilita a Evo Morales pasa por mantener la movilización, que difícilmente podrá sostenerse en los mismos términos mucho más tiempo, o por el contrario festejar la victoria arriando el resto de banderas, lo que en la práctica supondría un reconocimiento a aceptar la pugna electoral con Evo Morales en 2019 y que, por otro lado, parece lo más sano y democrático, también pensando en las capacidades que tienen aquellos que puedan perder unas elecciones sin que participe aquel al que consideran legítimamente su líder.Lo inapelable hoy es que el MAS se ha anotado una derrota palmaria a la que le condujeron los tics autoritarios y desesperados del sector del gabinete fiel a Álvaro García Linera, que parece tener prisa por acabar de culminar su proyecto para Bolivia a costa de lo que sea. Evo debería tomar nota, lo que pase en el próximo cambio de gabinete dará cuenta de en qué sentido lo ha registrado.


