Movilidad urbana, un desafío

Una motocicleta que iba con tres personas a bordo colisionó de frente con una camioneta en la comunidad de Chocloca del municipio de Uriondo. De acuerdo al reporte, el conductor de la motocicleta falleció casi de manera inmediata en el lugar del hecho, mientras que los otros dos acompañantes...

Una motocicleta que iba con tres personas a bordo colisionó de frente con una camioneta en la comunidad de Chocloca del municipio de Uriondo. De acuerdo al reporte, el conductor de la motocicleta falleció casi de manera inmediata en el lugar del hecho, mientras que los otros dos acompañantes fueron llevadas al Hospital Regional San Juan de Dios (HRSJD), para ser internadas en la unidad de terapia intensiva, donde terminaron perdiendo la vida.Además de esto, 401 infracciones de tránsito fueron cometidas por conductores de vehículos de 2 y 4 ruedas. Pero esto no sólo sucede en nuestro departamento. De acuerdo a datos del analista Guillermo Dávalos en las últimas décadas, América Latina y el Caribe fueron severamente afectados por el alto índice de mortalidad causado por las incidencias de tránsito. Hasta la fecha, los siniestros viales son una de las primeras causas de muerte en la región, principalmente entre personas de 5 a 44 años. Esta situación es responsable de más de 142.000 muertes al año y aproximadamente más de 5 millones de personas lesionadas. Bolivia, con una tasa de alrededor de 20 muertes en accidentes de tránsito por cada 100.000 habitantes, está entre los siete países de la región con mayor incidencia de este problema, con cifras que triplican a las de los homicidios y que constituyen una de las principales causas de muerte. De esta manera, uno de los desafíos que más preocupan a las ciudades del siglo XXI es el tráfico. Aunque no es el único reto al que se enfrentan, lo cierto es que la cuestión de la movilidad urbana es un eje esencial en la planificación de las urbes. Varios datos nos ayudan a hacer una idea de la dimensión a la que nos enfrentamosUn reciente estudio de la ONU revela que la población urbana mundial crecerá un 75% en las próximas cuatro décadas, con todo lo que ello implica (movilidad incluida). La cuestión medioambiental es otro aspecto a tener en cuenta. Aunque las ciudades ocupan poco más del 2% del planeta, ya representan entre el 60% y el 80% del consumo de energía, y el 75% de las emisiones de CO2.Desde hace ya tiempo, expertos de todo el mundo coinciden: es necesaria una nueva cultura de la movilidad urbana. La cuestión, no obstante, es compleja. Las ciudades precisan más que nunca de una planificación estratégica para garantizar su sostenibilidad en el futuro. Pero cada ciudad es única, y no todas las recetas sirven para todas.Así, alcanzar el nuevo modelo de movilidad que nuestras ciudades necesitan exige un cambio cultural que todavía se antoja lejano. Superar la dependencia del automóvil y recuperar las ciudades para los ciudadanos requiere muchos esfuerzos y la colaboración de todos los sectores implicados.Por eso es interesante ver cómo han afrontado el problema del tráfico distintas urbes del mundo. Hay casos espectaculares, como el de Chengdu (China), donde gracias al impresionante desarrollo de las nuevas tecnologías, las autoridades locales pueden controlar el tráfico desde un gran centro de operaciones. En el otro extremo del mundo, la ciudad brasileña de Curitiba ha implantado un sistema de transporte inteligente para mejorar la conexión entre los barrios, y ha trazado 120 kilómetros de carril-bici.Si fomentamos una movilidad compartida, los beneficios son indudables. Se descongestiona el tráfico en los centros urbanos, se reduce la contaminación, fomentando otras redes de transporte público, etc. Se calcula que el usuario podría tener un gran ahorro y se reducen los accidentes de tránsito. Otra cuestión fundamental es que toda política sobre otro tipo de movilidad urbana, debe implicar nuevas formas de gobernanza, mucho más participadas por la ciudadanía. Esto no es un “lujo”, sino que la experiencia demuestra que la participación ciudadana redunda a su vez en la eficiencia de las ciudades: se mejora la accesibilidad universal; la ciudad se vuelve amable, lo que hace más agradable moverse a pie o en bici, con la consiguiente reducción de externalidades negativas del sistema de transportes; y se planifica en base a las necesidades ciudadanas.


Más del autor