Otra vez Dakar
El Dakar salió de África hace ya unos cuantos años fruto del rechazo y hartazgo que esta competencia de poderosos millonarios causaba ya en los países más pobres del planeta. Oficialmente se extendió lo de la amenaza yihadista. También se ha aceptado que los intereses económicos y de...
El Dakar salió de África hace ya unos cuantos años fruto del rechazo y hartazgo que esta competencia de poderosos millonarios causaba ya en los países más pobres del planeta. Oficialmente se extendió lo de la amenaza yihadista. También se ha aceptado que los intereses económicos y de mercado se valoraron decisivamente a la hora de saltar a Sudamérica para continuar con el desafío.Desde 2009 el rally más famoso del mundo, que no necesariamente es el más duro del mundo de los rallys, se corre en tierras sudamericanas. En este tiempo Argentina es el único país que estoicamente se ha mantenido como organizador fijo mientras que los gobiernos de Chile y Perú se han ido retratando en función de los intereses electorales. De todos los gobiernos de los países posibles, el que más entusiasmo ha mostrado ha sido el de Bolivia.La emoción que ha embargado al presidente Evo Morales con recibir a este colorido carnaval de millonarios corriendo en vehículos de alta gama es paradigmática. La imagen del presidente Evo Morales dando abrazos y besos a casi todos los participantes ha dado la vuelta al mundo. La selfie de los pilotos con el presidente indígena se ha convertido también en un clásico, en una especie de trofeo de coleccionista que los “aventureros” quieren colectar en su participación.Y es que el rally Dakar nació como una aventura improvisada y fue sumando adeptos que, evidentemente, no tenían problemas económicos urgentes que resolver. Después las marcas se fueron fijando en el evento y lo vieron como una oportunidad de promoción propia y en una menor medida, una oportunidad para experimentar tecnologías y materiales nuevos en situaciones más o menos extremas. En ese sentido se enmarca la incursión por las alturas del altiplano boliviano. Lo curioso del tema es que los que acaban pagando son los gobiernos de los diferentes países porque el rally más famoso del mundo atraviese sus territorios y pase cerca de sus lugares más sagrados y emblemáticos. En países como Perú se han cuantificado los daños ambientales, en Bolivia sin embargo, no.En 2014, año electoral, el Dakar ingresó por primera vez a Bolivia. Fue un visto y no visto, pero ya el Gobierno lo acompañó de frases grandilocuentes y gestos poco ortodoxos, pero como para entonces Bolivia iba bien, la novedad se tragó a los críticos. Con el paso de los años y la reiteración de imágenes, la reflexión fue ganando espacio y también los detractores. Es difícil encontrar similitudes entre lo que el Rally Dakar representa y lo que el presidente Evo Morales trata de posicionar sobre su gobierno a nivel nacional. El Dakar es, sobre todo, atentatorio contra los derechos de la Madre Tierra, sobre los que se pregunta más o menos poco a la hora de diseñar los recorridos.Pero es que el Dakar es también un elogio a la sociedad de consumo, al capitalismo puro con su ley del más fuerte y el más débil y un aplauso a la gran industria transnacional que alegremente llega a este lado del mundo a hacer turismo de aventura.En algún momento alguien pensó que el Dakar podría ser una oportunidad para conectar con alguno de esos gigantes del automovilismo que tarde o temprano apostarán por las baterías de litio producidas en Uyuni; y que incluso podría servir para que alguien pudiera poner los ojos en la petroquímica del Chaco para instalar a su lado una magnífica fábrica de repuestos o complementos. Nada de eso parece que vaya a pasar. El interés de Evo Morales en el Dakar es simple y puro espectáculo.El circo llega mañana a La Paz y se queda en suelo boliviano hasta el lunes. Muchos aprovecharán para protestar sobre lo suyo mientras que el Gobierno de Evo, una vez más, aireará sus incoherencias a los ojos de todo el mundo.


