Una guerra desigual
Mientras la desesperación crece a raudales, apenas hablamos con el enorme nudo en la garganta que a ratos asfixia. Pero se ha puesto a pensar usted ¿cómo se siente este dolor cuando se trata de un hijo o de una hija? O peor aún ¿de nuestro niño pequeño? El cáncer infantil es un monstruo...
Mientras la desesperación crece a raudales, apenas hablamos con el enorme nudo en la garganta que a ratos asfixia. Pero se ha puesto a pensar usted ¿cómo se siente este dolor cuando se trata de un hijo o de una hija? O peor aún ¿de nuestro niño pequeño? El cáncer infantil es un monstruo que crece en Tarija a la vista de todos, cientos de padres viven silenciosamente su propia lucha, una guerra sin dimensión que los arrincona sin tregua.Así, sin el dinero suficiente, con el alma hecha girones y la mirada de un niño que espera respuestas esos padres batallan a diario. María sintió que el mundo se le derrumbó cuando supo que su niña de cinco años tenía leucemia.Cada día la mirada de su hija se le clavaba como un cuchillo y de pronto le asaltaban las enormes ganas de llorar. Pues ese pequeño ángel sólo confiaba en sus padres para salir de la pesadilla en la que vivía. La niña simplemente no entendía lo que le pasaba. Un día le aparecieron manchas rojas, luego le vinieron vómitos y de a poco se debilitó en extremo. “En Tarija no hay oncólogos pediátricos”. Esa fue la frase que le provocó un desmayo a María y cuando despertó estaba en una cama de hospital. Al lado su esposo y su niña esperaban su recuperación.Fue entonces que María se armó de valor e inició su propia batalla, se prestó dinero, vendió sus pocas cosas, realizó kermeses, pidió limosna, su marido taxeo sin dormir y finalmente se la llevaron de aquí. A un año de lo sucedido su lucha continúa, lejos de su casa, con el dolor de siempre y la esperanza intacta. Pero éste es sólo uno de los casos, pues en nuestro departamento hay muchos más. En 2015 un estudio desarrollado por la Comunidad Luz de Esperanza (que es parte de la Pastoral de Salud de la Diócesis de Tarija) evidenció que de 11 familias con niños y niñas con cáncer, 6 de ellas optaron por buscar tratamiento en el exterior (Argentina), y de las restantes, 3 recibieron tratamiento en La Paz, cubiertas por seguros médicos, y 2 en Santa Cruz apoyadas por fundaciones solidarias.Esas cifras reflejan el abandono de parte de las autoridades de Tarija que, en más de diez años de bonanza económica, no han dado respuesta a las necesidades en salud de sus ciudadanos; por eso, otro Estado, en este caso Argentina, asume las responsabilidades del boliviano en materia de atención en salud especializada y gratuita para el cáncer infantil.En 2016, la Legión Tarijeña de Lucha Contra el Cáncer tenía registrados a más de 60 niños con esa enfermedad, a quienes también les prestan ayuda para que se recuperen y tengan una esperanza de vida. Algunos menores logran vencer la batalla, otros no. En el año 2017 un gran titular acaparó los principales medios tarijeños: “Destraban hospitales materno y oncológico”. Se prevé que estas dos obras que tienen más de cinco años de retraso estén listas el 2019. Pero ¿cuánto tiempo se perdió y con ello cuántas vidas pudieron salvarse? El hospital Materno Infantil inició en el año 2012, tuvo un avance físico y financiero del 32% hasta el año 2015 y se paralizó. Ahora se prevé su entrega para el 7 de enero de 2019. El hospital Oncológico llevó paralizado un año y nueve meses, ahora tiene un avance del 11% y se prevé que sea entregado en junio de 2019. En promedio casi dos años más deberá esperar Tarija y cientos de niños para tener una esperanza que permita a estos padres luchar en mejores condiciones contra el gran monstruo del cáncer infantil. Sumado a esto será importante impulsar la especialización en pediatría oncológica.


