El Seguro Social es una kermesse

Normalmente hay una persona enferma con mejor o peor diagnóstico para los que amigos y familiares organizan un almuerzo multitudinario con aportes personales para poner a la venta los platos. Requiere música para amenizar el evento y normalmente rifas o subastas.El sistema se ha ido...

Normalmente hay una persona enferma con mejor o peor diagnóstico para los que amigos y familiares organizan un almuerzo multitudinario con aportes personales para poner a la venta los platos. Requiere música para amenizar el evento y normalmente rifas o subastas.El sistema se ha ido profesionalizando y ya existen grupos organizados que montan la kermesse en menos de nada. Platos, carpas, escenario, sillas. Todo. El esfuerzo se reduce para la familia del paciente, que normalmente está muy concentrada en cuidar precisamente de la salud de este y los beneficios se reparten.La práctica no es en absoluto exclusiva de Tarija, se extiende por todo el país y responde a uno de los ritos ancestrales del origen humano, la solidaridad comunal para con sus iguales. La convocatoria de una kermesse no es solo un ejercicio de recaudación de fondos, sino una práctica social en la que tanto el enfermo como la familia reciben el respaldo de sus vecinos que, en ocasiones, es incluso más importante que los recursos que se puedan conseguir.La enfermedad en Bolivia sigue siendo atroz, implacable, casi una cuestión de suerte macabra. Nadie está libre de un accidente grave o de la aparición de una enfermedad crónica o grave como el cáncer, o de traer al mundo hijos con deficiencias congénitas que requieren de atenciones específicas. La praxis médica, privatizada y a menudo muy penalizada ha generado una dinámica perversa ante cualquier complicación: tratamientos carísimos y a menudo no disponibles en Bolivia hacen que luego de unos cuantos chequeos, todos pasando por caja, se acabe recomendando viajar a otro país o esperar con más o menos dignidad la muerte.¿Qué cosa será vivir bien si cualquier complicación de salud puede derivar en la muerte y en la ruina de tus cercanos?La salud como negocio, tantas veces demonizada en referencia a Estados Unidos, campa a sus anchas en Bolivia. Una situación coherente con los Gobiernos de corte neoliberal en comunión con los principios esenciales de la derecha política que creen en el determinismo divino y en la Ley del más fuerte; pero que poco debería tener que ver con un gobierno que carga en sus siglas la S de Socialismo.Once años y medio después de que el Movimiento Al Socialismo llegara al poder, la salud está igual o peor. Ni siquiera se han implementado los más básicos seguros de salud universales con cargo al Estado, apenas Tarija ha logrado implementar un Servicio con cargo a sus regalías que al menos cubre las elementales dolencias sin incluir a estas facturas dolosas. El Gobierno socialista, lejos de potenciar el sector público, ha promovido la libre afiliación de cajas que básicamente incita a la competencia entre cajas privadas por captar más afiliados entre las empresas privada. La salud hoy sigue respondiendo a la lógica capitalista en la que el que más tiene, más posibilidades tiene de curarse, mientras que el que menos debe quedarse a esperar el juicio final mientras se esloma organizando kermesses de todo tipo.El Gobierno y todas las gobernaciones han prometido grandes obras de cemento en el campo de salud, una estrategia cómoda que les permite exhibir porcentajes de inversión en áreas sociales, cuando sin embargo lo que se requiere es mejorar y mucho el servicio prestado. Bolivia necesita más y mejores médicos que trabajen en condiciones seguras y sean capaces de llegar hasta el final en sus atenciones. Médicos que puedan curar aquí y que huyan de la tentación de prescribir un tratamiento en el extranjero como única solución antes de desahuciar a nadie.El Gobierno socialista, lejos de dar ejemplo y confianza al sistema nacional, no ha dudado en enviar al extranjero a aquellos de sus miembros que tuvieron complicaciones de salud. El propio Evo Morales es el exponente de esa lógica descorazonadora para cualquier trabajador, que ve la muerte de cerca cuando en Santa Cruz se organizan kermesses para ministros que se curan en el extranjero.


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