Los hijos son como los barcos

ese es el destino para el que fue creado, navegar los mares, saliendo al encuentro de sus propias aventuras. Dependiendo de lo que la naturaleza le tenga reservado, podrá desviar la ruta, trazar otros caminos o buscar otros puertos. Seguramente con el tiempo el barco y sus...

ese es el destino para el que fue creado, navegar los mares, saliendo al encuentro de sus propias aventuras. Dependiendo de lo que la naturaleza le tenga reservado, podrá desviar la ruta, trazar otros caminos o buscar otros puertos.


Seguramente con el tiempo el barco y sus tripulantes  volverán más experimentados por el aprendizaje adquirido y enriquecidos por las diferentes culturas que conoció. Saben que siempre habrá gente en el puerto esperándolos. Así son los hijos. Ellos tienen en sus padres un puerto seguro.


Pero, por más seguridad y sentimientos de protección que puedan dar los padres, todos nacimos para navegar los mares de la vida, correr nuestros propios riesgos y vivir nuestros propios retos.


En nuestro camino llevaremos los conocimientos y fortalezas adquiridas en nuestro puerto.


Muchas veces, como padres, queremos mantener a nuestros hijos en lugar seguro, en nuestro puerto… pero ellos están hechos para navegar, para zarpar cuando llegue el momento, y la estancia en el puerto ha de prepararles a la navegación.


Los hijos nacieron para convertirse un día en ciudadanos de este mundo. Los padres podemos desear la sonrisa de los hijos, mas no podemos sonreír por ellos. Podemos contribuir por la felicidad de los hijos, mas no podemos ser felices por ellos.


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