La educación vial, la gran olvidada
Las condiciones precarias de los caminos, la mala estructura vial y la ausencia de campañas intensivas de educación, son algunos de los elementos que sitúan a Bolivia en el último lugar entre los países de América Latina que tienen un adecuado sistema de seguridad vial, según el experto...
Las condiciones precarias de los caminos, la mala estructura vial y la ausencia de campañas intensivas de educación, son algunos de los elementos que sitúan a Bolivia en el último lugar entre los países de América Latina que tienen un adecuado sistema de seguridad vial, según el experto Greg Speier.
Hay falencias en la señalización, los semáforos son precarios y poco visibles. Las aceras son angostas. Por otra parte las vías están mal diseñadas y los sumideros muy grandes ponen en riesgo a las personas que manejan motocicleta.
Sumado a todo esto la educación vial no aporta. Vehículos en contra ruta, sin hacer uso de los guiñadores, sin parar en los pasos de cebra es lo que sobra en el día a día. Pero todo esto tiene su precio.
Los países de medianos y bajos ingresos concentran aproximadamente el 85% de los muertos y heridos por siniestros de tránsito. Y es que el rol de la cultura juega también un papel fundamental.
La educación vial es el conjunto de conocimientos, principios, actitudes y valores que nos facilitan y nos permiten actuar y compartir responsablemente las vías públicas y todos aquellos actos relacionados con el tráfico rodado como peatones, conductores o pasajeros.
Por lo tanto, la educación vial orientada a la enseñanza como punto de partida, ya sea como padres, hijos, profesores y alumnos es de suma importancia, debemos ser conscientes de ello y adoptar comportamientos, aplicando y respetando la normativa dentro de nuestro entorno vial y que nos ayuden dichas conductas a usarlas de una forma segura, cómoda y fluida.
Si salimos en hora de congestión en Tarija veremos cómo se burlan las señales de tránsito, se bloquean cruces en los semáforos, no se respetan los pasos peatonales, y seremos testigos (y/o protagonistas) del caos, la prepotencia, el oportunismo, el egoísmo, los “sabidos” y también del “quemeimportismo” de muchos de los encargados de mantener el control del tránsito, y la causa de esto no es necesariamente el desconocimiento de las normas del tránsito o de conducta vial.
¿Somos así los tarijeños? ¿Podemos definirnos por el cómo nos comportamos en las calles? Tal vez sí.
Y eso nos llevaría a pensar que la solución de este problema no pasará nunca únicamente por una acción o campaña de educación vial. Hay que revisar y repensar el desencuentro con el otro. Hay que educar en cómo convivir, para que frente al volante, o como peatones, nos comportemos como somos, con conciencia sobre el otro y sus derechos en la convivencia.
La realización de campañas y acciones de educación vial pueden ayudar, pero deberían complementarse con otras medidas como legislación y control efectivo de las medidas, y lo más importante, consideradas en un contexto sistémico de educación para la convivencia.
En resumidas cuentas, creemos que no sería difícil si todos ponemos de nuestra parte porque, entre otras cuestiones, no debemos olvidar que somos ejemplo para otras personas, especialmente niños, jóvenes, adolescentes, mayores, discapacitados y, también, porque es nuestra obligación ciudadana dar ejemplo.
Pero tampoco se debe olvidar el otro lado de la moneda, que pasa por el orden y construcción adecuada de la ciudad, aceras, boca tormentas, pasos de cebra, calles asfaltadas, entre otros.
Si realmente nos implicamos todos puede que consigamos aumentar nuestra cultura vial, reducir accidentes y respetar al prójimo en todo lugar.


