La lenta y necesaria desaparición de los Subgobernadores
En la génesis de la elección popular de los ejecutivos seccionales, convertidos en subgobernadores en el Estatuto Autonómico, hay mucho de estrategia política camuflada en viejos anhelos históricos cimentados en la conformación de Tarija y su levantamiento contra el poder imperial. La...
En la génesis de la elección popular de los ejecutivos seccionales, convertidos en subgobernadores en el Estatuto Autonómico, hay mucho de estrategia política camuflada en viejos anhelos históricos cimentados en la conformación de Tarija y su levantamiento contra el poder imperial. La unión hizo la fuerza entonces, aunque no duró demasiado. Las rencillas provinciales siguieron limitando el desarrollo armónico del departamento. Después se fue contraponiendo capital y provincias y finalmente, las provincias obtuvieron un reconocimiento a sus olvidos con mayor peso político en la Asamblea Legislativa, pero a la vez cayeron en la trampa de la administración de recursos siempre insuficientes para solucionar las grandes carencias del medio rural.El modelo finalmente diseñado en la gestión de Mario Cossío contemplaba un reparto de poder que, inicialmente, se sospechaba serviría para contrarrestar la influencia de los alcaldes. Ya por entonces se advertía que las duplicidades solo servirían para malgastar recursos y generar estructuras más burocráticas por la que se filtrarían gran parte de los ingresos por regalías.Con la llegada de Lino Condori y el Movimiento Al Socialismo a la Gobernación de Tarija, un partido originalmente contrario a la autonomía, el modelo se profundizó. Condori y su equipo se vio superado no solo por la inexperiencia de gestión sino por los ingresos derivados del superciclo de los hidrocarburos que multiplicaron los presupuestos y lo convirtieron en una pesada carga difícil de administrar. Los bajos porcentajes de ejecución motivados también por los millonarios reformulados que cada mes elevaban las previsiones precipitaron la fórmula: Condori transfirió competencias centrales a las provincias mediante sus ejecutivos seccionales y estos no tardaron en poner en marcha la maquinaria de la licitación. En pocas semanas los ejecutivos sacaron proyectos de la manga, licitar se convirtió en una especie de experiencia febril, una catarsis mezclada con la ansiedad y las ambiciones personales de cada uno… Las ejecuciones se dispararon mientras que Ministerio y Asamblea Legislativa hacían la vista gorda. Nadie se encargaba de verificar las “declaraciones juradas de disponibilidad presupuestaria”, nadie verificaba ni fiscalizaba el seguimiento de los proyectos que a lo largo y ancho del departamento se desparramaban en forma de elefantes blancos. Las deficiencias del modelo se fueron poniendo en evidencia a lo largo de los meses. Los tarijeños dejaron de ser iguales, por ejemplo, los adultos mayores de una sección provincial tenían derecho a más canasta alimentaria que los de otra. Los ejemplos son innumerables. También dejó al descubierto algunas intenciones oscuras, hoy judicializadas: el ex ejecutivo de O´Connor, Walter Ferrufino, firmó contratos hasta por 600 millones de bolivianos un par de días antes de renunciar para volverse a postular. Hoy esos contratos no se pueden ejecutar por que los recursos realmente nunca existieron. La crisis les tocó de lleno a los subgobernadores.Todos estos problemas se sabían antes de la puesta en vigencia del Estatuto Departamental, que contemplaba la figura, pero muy pocos se atrevían a criticar la figura abiertamente por cuestiones estrictamente políticas. Sin embargo fue el propio Tribunal Constitucional quien zanjó el debate. Los Subgobernadores electos por voto popular fueron eliminados del Estatuto Autonómico, y aunque los asambleístas de la anterior gestión escondieron el texto en el cajón para permitir su elección en 2015, la figura no se repetirá en 2020.Es necesario diseñar un plan de acción departamental con mucha participación de las provincias, y es necesario aplicarlo con convicción y sin cálculos políticos. Para ello no es necesario crear once u ocho estructuras paralelas que administren una pequeña porción de presupuesto incapaz de solucionar los problemas estratégicos y que nombren más secretarios, con sus choferes, asesores etcétera. Para resolver los problemas básicos en los municipios están los alcaldes. Para los asuntos estratégicos está la Gobernación y la Asamblea Legislativa Departamental. Sea cual sea su color. Guste o no guste, los subgobernadores van a desaparecer. Recuperar las competencias progresivamente sin esperar al último minuto parece lo más oportuno.


