Lo que aprendimos del incendio

Durante los días del incendio y también después se escribieron ríos de tinta sobre todo en las redes sociales y no faltaron los “expertos” dando recomendaciones a diestra y siniestra luego de informarse vía google sobre lo que se hace en algunos otros lugares.En Bolivia, al igual que en...

Durante los días del incendio y también después se escribieron ríos de tinta sobre todo en las redes sociales y no faltaron los “expertos” dando recomendaciones a diestra y siniestra luego de informarse vía google sobre lo que se hace en algunos otros lugares.En Bolivia, al igual que en la mayoría de los países del mundo, incluida Europa, la labor de extinción de incendios recae sobre los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, apoyados por un más o menos nutrido grupo de bomberos voluntarios. Son entonces los militares quienes como parte de su función de servicio a la Patria aprenden las técnicas y conceptos elementales para enfrentar estas catástrofes. También sobre ellos recae el mando operativo una vez que se concreta el nivel de alarma.En Tarija no fue diferente. Los militares se movilizaron tomando la punta y miles, pero miles de voluntarios se movilizaron para apoyar con lo que hiciera falta, para aportar el más pequeño de los granos de arena que sirviera para apagar un incendio.Mientras esto pasaba, algunos teorizaban sobre las necesidades de profesionalizar un cuerpo de extinción y sobre todo, en el asunto favorito de los políticos bolivianos: licitar y comprar hidroaviones y cualquier otro tipo de aparato que en su momento pudiera haber servido en las labores de lucha contra el fuego.En Bolivia tenemos sobrada experiencia en adquirir vehículos que al final acaban obsoletos por la falta del elemental conocimiento o la falta de mantenimiento. Hay tractores en las comunidades campesinas, hay ambulancias en municipios y hay incluso unas cuantas máquinas para dragar el Pilcomayo. Hermosos elefantes blancos móviles.La lucha contra el fuego esencialmente la realizan los seres humanos, una lucha minuciosa, llama por llama, rama por rama, más allá del apoyo aéreo que se pueda prestar. La mayoría de los que hacen referencia a estas demandas ponen ejemplos referidos a España, uno de los pocos países de Europa que ha profesionalizado sus equipos de extinción y que, sin embargo, cada año supera sus propias marcas de hectáreas quemadas.En 2016 se destapó en España una enorme trama relacionada precisamente a la compra y mantenimiento de hidroaviones, químicos, equipamientos y otros que, al calor de la emergencia en Alcaldías y Gobernaciones, habían logrado morder importantes comisiones haciendo negocio con el drama humano.La otra constatación más o menos certera del análisis de los incendios en el sur de Europa, sobre todo España, Italia y Portugal es la estrecha vinculación entre un incendio provocado y una pronta recalificación de terrenos. En los tres países se han adecuado normativas para permitir la urbanización de zonas quemadas como forma de luchar contra la desertificación y el impacto negativo en la zona. También se detectó un cambio de especies durante la reforestación, dejando las especies propias e implementando otras de más rápido crecimiento, como el eucalipto, permitiendo así mayores perspectivas en el sector maderero.En Tarija, con unas normativas mucho más laxas en cuanto a la construcción en todos los espacios, hay que ponerle especial atención a lo que vaya a pasar en cada una de las hectáreas quemadas en el entorno de Sama, sobre todo cuando no hace mucho se anunciaban fundaciones y otras promotoras de iniciativas sobre terrenos del parque ahora arrasado.Lo que sí necesariamente debe haber es un cambio de mentalidad, no solo entre los pobladores que todavía realizan prácticas riesgosas para el entorno, sino también en nuestra forma de afrontar los desafíos. Los incendios no se apagan en la época seca, cuando las altas temperaturas nos amenazan, sino en la época húmeda, con planificación y control de las zonas a proteger.


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