Los nervios del Vicepresidente
Para algunos el mensaje pretendía cerrar el debate abierto en el Movimiento Al Socialismo (MAS) que quiere cambios ya para volver a acercar la gestión a unas bases muy perforadas y que se desangran con cada decisión de Gobierno, orientado ya hacia no se sabe muy bien dónde. Para otros...
Para algunos el mensaje pretendía cerrar el debate abierto en el Movimiento Al Socialismo (MAS) que quiere cambios ya para volver a acercar la gestión a unas bases muy perforadas y que se desangran con cada decisión de Gobierno, orientado ya hacia no se sabe muy bien dónde. Para otros pretendía reabrir el debate sobre la dupla para 2019 pidiendo a los movimientos sociales que lo obliguen a repensar su posición expresada a finales de 2016 y en la que aseguró que no volvería a presentarse. Para otros más mal pensados, el mensaje de Morales a García Linera era su “estate quieto”, cansado de tantas maniobras de “serruchamiento” le recomendó guardarse en su sitio.Lo cierto es que desde entonces el Vicepresidente Álvaro García Linera parece más dispuesto a la escenificación que nunca. Más expresivo y también más errático. El último cruce con la senadora Norma Piérola es un ejemplo más de los momentos de zozobra que atraviesa y un desnudamiento más de la fragilidad consecuente de sus planteamientos. Cortar y agredir a una política en el atril es un claro ejemplo de violencia política machista que tantas veces García Linera ha asegurado condenar.Más allá de que los argumentos de Piérola fueran más o menos peregrinos, de lo imposible de probar que en territorio boliviano exista una base militar extranjera, peor de Estados Unidos, y aunque en la mayoría de los análisis geoestratégicos que los thinks thanks más influyentes del mundo consideren que la planta nuclear de Rosatom en El Alto es parte de la estrategia rusa de expansión es aventurado considerar que el Gobierno de Evo Morales podría estar violando quizá el único principio esencial que lo llevó al Gobierno y que aún no se ha caído notoriamente: la defensa de la soberanía nacional.Los nervios y la forma en la que se expresó el Vicepresidente, además del componente machista que lo llevó a interrumpir y tratar de acallar a los gritos a la radical Piérola, dejan entrever una incomodidad en el nuevo esquema. A García Linera nunca le tocó defender demasiadas decisiones polémicas, menos las que suponían conflictos ideológicos abiertos. Apenas probó suerte en defender el Gasolinazo aquella mañana de Navidad para que unos días después le tocara a Morales bajar el decreto. Ahora, sin Juan Ramón Quintana y sin Luis Arce Catacora, García Linera tiene algunas otras cosas que explicar, y no van a ser fáciles.A García Linera le ha tocado ser el paladín del TIPNIS, defender la nueva regulación que elimina la intangibilidad del Parque Nacional y que, en el futuro, permitirá la construcción de una carretera y cualquier otro proyecto. García Linera ha envuelto la defensa en un proyecto de liberación nacional y antiimperial que, de momento, no acaba de encontrar asidero ni siquiera entre sus medios aliados.El tema del TIPNIS puede acabar siendo anecdótico, pues en verdad Bolivia ha entrado en una espiral de crisis interna, solapada a la internacional y del contexto continental, producto precisamente del hiperoptimismo con el que se han abordado las causas e interpretado las realidades. Un análisis en el que García Linera es protagonista. Primero fue el tarifazo a la electricidad, ahora le ha tocado el tarifazo al gas, y vendrán más. La debilidad de la empresa estatal no se puede ocultar, el Estado debe soportarla y en la medida en que el Estado no ha sido capaz de adecuarse, las empresas resultan insostenibles. Apuntar directamente a los bolsillos de los ciudadanos, o consumidores en la terminología neoliberal adoptada abiertamente por el Gobierno resulta un fracaso en el concepto.Las medidas populistas que hicieron a la industria nacional más débil; los miles de millones exportados a potencias extranjeras en bruto o en forma de contratos millonarios, etc son algunas de las causas que han llevado a la situación actual, donde ni el Estado ni sus empresas son competitivas y que el Estado pretende corregir elevando tasas e impuestos en tiempos de depresión económica y precarización laboral. Veremos lo que queda.


