Achacachi: la corrupción es soberbia

¿La alternativa? La protesta en la calle (en este caso en la carretera). Y la respuesta incluye amenazas, descalificación, represión y violencia. También hay de ambas partes discursos cargados de soberbia, muy parecidos, casi calcados, a los mensajes y discursos escuchados el 2003....

¿La alternativa? La protesta en la calle (en este caso en la carretera). Y la respuesta incluye amenazas, descalificación, represión y violencia. También hay de ambas partes discursos cargados de soberbia, muy parecidos, casi calcados, a los mensajes y discursos escuchados el 2003. ¿Recuerdan?Los bloqueos dañan a lo bloqueados y bloqueadores (son expresiones que contienen la misma sustancia del: “un pueblo que oprime a otro no puede ser libre”). La respuesta, cuando contiene represalia y cárcel contra los líderes sociales que encabezan las demandas y protestas populares, su judicialización y acoso, tienden a agravar la situación.Los achacacheños opusieron al emblemático líder de esos mismos años 2003 para responderlas. Toda una simbología histórica.Es el momento de la diferenciación. Las autoridades de gobierno deben escuchar con serenidad, humildad y vocación de servicio a la población altiplánica. Luego de ello, deben actuar tanto en el plano administrativo como en el político, porque tiene ambos contenidos el problema.Hay ya sospechas directas de protección a la corrupción de un militante del partido de gobierno. Considerando que esas sospechas están muy extendidas en la geografía nacional (en Tarija hay indicios vinculados a la gestión del gobernador interino Lino Condori), es pertinente no sólo ser, sino parecer: el más alto cargo del país no debe estar bajo sospecha ni por omisión.Vale aprovechar la oportunidad para evaluar también una de las leyes con efectos más desastrosos vigentes en nuestro país: la denominada Ley Marcelo Quiroga Santa Cruz, creada para, supuestamente, luchar contra la corrupción pública.No sólo que no ha cumplido el objetivo mínimamente - además de haber provocado inútilmente el engrosamiento de la burocracia estatal en todos los niveles - sino que también envileció al poder judicial, empezando desde el Ministerio Público, cuyos funcionarios, sobrecargados con imposibles denuncias, han multiplicado también los casos de extorsión y corrupción.Pues en el caso de Achacachi y en muchos otros del país, esa ley no sirve para nada, ni siquiera para determinar oportuna, creíble e independientemente que el sospechoso es inocente, lo que desactivaría cualquier conflicto social. Si la justicia no es oportuna, no es justicia.Si las sospechas del gobierno, a su vez, apuntan a un movimiento político destinado a desestabilizarlo, las leyes creadas debieron servir, precisamente, para desvirtuar el uso de casos de sospecha de corrupción con fines políticos. Ni para eso sirve esa ley.No sirven, en consecuencia, los discursos y acusaciones políticas a una demanda concreta, precisa, de transparencia en la cosa pública. No sirve tampoco caer en la soberbia luego de once años de gobierno de cambio. ¿Por qué ya no se escucha de boca de los gobernantes eso de gobernar obedeciendo al pueblo?Hace poco el vicepresidente desafió que le demuestren qué actores del neoliberalismo estaban en el gobierno. Le pasaron una larga lista: ¿estarán ellos influyendo en eso de desobedecer al pueblo al gobernar?


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