Turismo familiar o juvenil, el dilema de Tarija

Entre medias Tarija seguirá ofreciendo al visitante sus magníficas condiciones climáticas y naturales, ratificando sus condiciones de lugar ideal para el descanso en familia, pero también para satisfacer las demandas de los más jóvenes.Las condiciones de Tarija son excepcionales para...

Entre medias Tarija seguirá ofreciendo al visitante sus magníficas condiciones climáticas y naturales, ratificando sus condiciones de lugar ideal para el descanso en familia, pero también para satisfacer las demandas de los más jóvenes.Las condiciones de Tarija son excepcionales para convertirse en referente turístico nacional, si bien no todos los esfuerzos parecen converger en la misma ambición.En la anterior campaña turística se inauguró la Terminal de buses y para esta ya parecen solventados los problemas detectados de transporte interno y lugares de espera. La gente también empieza a acostumbrarse. En plena crisis, los poderes públicos han podido hacer poco para fortalecer el sector turístico. La inversión en promoción se ha ligado a la celebración del Bicentenario. Otras medidas de incentivos fiscales no han podido ser abordadas.El sector privado, que es quien al final dinamiza el turismo, tampoco ha abordado ningún gran proyecto en lo que va del cierre de una campaña al inicio de la siguiente: algunas medallas para nuestros vinos, un par de flotas más amplias y limpias adecuadas a las nuevas exigencias, una piscina y poco más. Uno de los problemas del sector es que no se tiene claro cuál es el público objetivo al que se quieren dedicar los esfuerzos de captación. La mayoría de las iniciativas se dirigen a un público adulto y familiar nacional y del norte argentino, al menos esa es la teoría. Lo cierto es que cada año el turismo joven arrasa y rompe todos los registros en  apenas dos semanas: la de Fin de Año y la de Carnaval.Es evidente que las diferencias entre uno y otro turismo son abismales, mientras al primero se le presupone ciertas motivaciones culturales y un poder adquisitivo más alto, al segundo se le tiene casi temor, por el estigma que puede quedar. Al primero se le intenta captar con las bonanzas de la ruta del Vino, el segundo acude masivamente a su reclamo. Al primero se le intentan dar a conocer los parajes naturales de la Tarija tranquila, el segundo colapsa las pocas discotecas e improvisa fiestas masivas en parqueos. En ciertos círculos se rechaza la idea de que Tarija se pueda convertir en un destino turístico para adolescentes efusivos que, a falta de playas en Santo Domingo, conviertan a Tarija en el lugar donde se proyecten excesos y bacanales, pero de momento las luces de alarma se han quedado en eso, pues no se han desarrollado alternativas que logren siquiera acercarse a los números que deja este sector que, contra la creencia, llena hoteles, compra recuerdos, paga fiestas carísimas y come en locales de todo tipo de la ciudad.El otro problema esencial es que se sigue pensando el turismo como un producto para extranjeros. Ni siquiera para bolivianos de otros departamentos, sino para extranjeros del mercado mundial en el que es muy difícil competir. Tarija podría quizá incluirse en uno de los grandes corredores turísticos del continente, que es el que va desde el Cuzco, en el sur del Perú hasta Iguazú en la convergencia paraguaya, y que según los intereses se desparrama por Atacama en Chile, Salta en Argentina y recientemente, en el circuito nacional por excelencia que conecta el lago Titicaca con el Salar de Uyuni. Ese turismo no es precisamente familiar y Tarija podría ofrecer un momento de desconexión importante, similar al que ofrece Salta, pero para eso hay que trabajar mucho todavía.La mejor forma de desarrollar el turismo es con nuestras propias posibilidades. Aprender a disfrutar de lo nuestro sin pensar que lo sabemos todo y tomar medidas para que lo hagamos. Potenciar el turismo es hacer jornada continua, al menos los viernes, para que la gente pueda viajar. Dejar de “confirmar los feriados” un día antes para que la gente pueda planificar sus días libres. Apostar por una temporada alta de verdad. Evitar la burocracia, etc, etc. Llegó la temporada alta. Veremos el desempeño.


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