Cada uno con su destino

-¿Por qué me estoy sintiendo tan inferior? – le preguntó, ni bien el monje hubo acabado de rezar. – Ya me enfrenté muchas veces con la muerte, defendí a los más débiles, sé que no tengo nada de qué avergonzarme. Sin embargo, al verlo he sentido que mi vida no tenía la menor...

-¿Por qué me estoy sintiendo tan inferior? – le preguntó, ni bien el monje hubo acabado de rezar. – Ya me enfrenté muchas veces con la muerte, defendí a los más débiles, sé que no tengo nada de qué avergonzarme. Sin embargo, al verlo he sentido que mi vida no tenía la menor importancia.  -Espera. En cuanto haya atendido a todos los que me han buscado hoy, te daré la respuesta.Durante todo el día el samurai se quedó sentado en el jardín del templo, viendo como las personas entraban y salían en busca de consejos. Por la noche, cuando ya todos habían partido, insistió:-¿Ahora podrá usted enseñarme? El maestro lo invitó a entrar y lo llevó hasta su habitación. La luna llena brillaba en el cielo y todo el ambiente respiraba una profunda tranquilidad. -¿Ves esta luna, qué bonita es? Ella cruzará todo el firmamento y mañana el sol volverá a brillar. Sólo que la luz del sol es mucho más fuerte y consigue mostrar los detalles del paisaje. He contemplado a los dos durante años, y nunca escuché a la luna decir “¿Por qué no tengo el mismo brillo que el sol? ¿Es que quizás soy inferior a él?”  -Claro que no, -respondió el samurai,- la luna y el sol son dos cosas diferentes, y cada uno tiene su propia belleza. No podemos comparar a los dos. -Entonces, ya sabes la respuesta.


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