Vivas y libres
Era una noche más o menos fría de agosto de 2015, de esas en las que se peregrinaba a Chaguaya. Lo menos importante es como Olga Solano llegó hasta aquella cuesta camino a San Jacinto donde su marido con su camioneta retozaba en compañía de su amante, pero ese ha sido uno de los argumentos...
Era una noche más o menos fría de agosto de 2015, de esas en las que se peregrinaba a Chaguaya. Lo menos importante es como Olga Solano llegó hasta aquella cuesta camino a San Jacinto donde su marido con su camioneta retozaba en compañía de su amante, pero ese ha sido uno de los argumentos más utilizados por la defensa del acusado para descalificar a la víctima, como si en pleno siglo XXI se pudiera seguir argumentando el “ella se lo buscó” como si estuviéramos bajo la Ley de la Colonia.Según han determinado los jueces en primera instancia luego de haber verificado las pericias y escuchado los testimonios, Olga Solano abordó la camioneta, aporreó los cristales, y se aferró en la parte trasera del vehículo, mientras la pareja daba marcha y emprendía la huida. El taxista que llevó a Olga hasta el lugar donde encontró la muerte detalló que el vehículo imprimió una velocidad desproporcionada y especialmente violenta al pasar una curva cerrada, la justa para vencer la resistencia de Solano y hacerla volar de la parte de atrás. En la caída recibió los golpes fatales.Olga no sobrevivió pero la pareja se fue a casa tranquilamente. La cuartada iba a ser haber salido ilesos de un intento de robo. En este caso ni el Ministerio Público ni el Poder Judicial lo han considerado. Es evidente que cabe recurso de apelación y que el ahora encontrado culpable apelará mientras pueda.La sentencia, como lo fue en el caso de Katty Pérez, la mujer que fue arrojada desde el segundo piso de un conocido hotel tarijeño y que encontró justicia en enero, generó diferentes reacciones en las redes sociales. El cuestionamiento general a la Justicia, que en el caso de los feminicidios sí ha mantenido una línea de criterio coherente y consecuente en los últimos años, pero sobre todo el desconocimiento, ha propiciado el debate.El feminicidio, de acuerdo a las leyes bolivianas y no a otras convenciones extranjeras que se suelen esgrimir, es más que un crimen de odio específico y no se puede juzgar como un hecho aislado, sin tomar en cuenta el contexto en el que se dan los hechos. El problema en Bolivia es que los criterios de la opinión pública suelen variar en función si se conoce o no se conoce a la víctima o al agresor.El feminicidio no es solo un acto voluntario y extremadamente violento, que de todos modos, el caso de Olga Solano como el de Katty cumple los criterios, es también una acción con resultado de muerte. Considerar la acción “imprudencia” supone un juicio de valor. Pues es posible que el asesino no hubiera cometido la “imprudencia” de no haberse tratado de una mujer. De una mujer a la que consideró de su propiedad y a su entera voluntad.Existen otras causas abiertas bajo la figura de feminicidio, causas que antes pasaban desapercibidas entre “imprudencias” y “buenos chicos”. El compromiso de la Fiscalía y del Tribunal de Justicia de erradicar de una vez por toda esta lacra que cada día se cobra la vida de madres, abuelas, hermanas e hijas es de reconocimiento público. El trabajo que realizan las organizaciones de mujeres por visibilizar el tema y no permitir que, “como toda la vida”, se ponga más y más tierra para esconder los casos incomoda y mucho a los abogados, más expertos en los otros procedimientos extrajudiciales que en sostener un caso.No se trata de dictar sentencias condenatorias por sistema, sino de que no se imponga un criterio sin escuchar al otro. Evitar los amedrentamientos, las victorias por agotamiento, los acuerdos entre cuatro paredes porque “total, ya está muerta” y sobre todo, evitar que haya más y más muertas.La sociedad civil ha agarrado la bandera de la causa, también las instituciones de justicia. Es hora de decir #NiUnaMenos, Vivas y Libres nos queremos. Las queremos.


