Ausencia de sentido en la comunicación gubernamental

Los anteriores son hechos que reproducen un enfoque sectorial de la administración pública, obviando la necesidad de mayor coordinación intra e intergubernamental. Fieles a este esquema, las estrategias de los equipos gubernamentales suelen caer en la trampa, muy a menudo, de que el comunicar...

Los anteriores son hechos que reproducen un enfoque sectorial de la administración pública, obviando la necesidad de mayor coordinación intra e intergubernamental. Fieles a este esquema, las estrategias de los equipos gubernamentales suelen caer en la trampa, muy a menudo, de que el comunicar equivale a activar o acelerar un movimiento de difusión o propagación, que tiene a su vez como centro la puesta en relación de unos públicos con unas obras.Si por un lado persiste la idea de que comunicar es hacer “circular” en un solo sentido y, por el otro, comprendemos que la naturaleza de todo proceso comunicacional es transaccional y negociado, ¿cómo percibe la ciudadanía boliviana el grado de eficiencia –o ineficiencia-  de la comunicación gubernamental en el presente? Si bien los estudios que existen al respecto en el país generalmente se abocan a épocas de campaña, señalando que la mera difusión de actividad oficial, utilizando recursos públicos, genera desazón en la ciudadanía y, paralelamente, desgasta la imagen de las autoridades, éstos también abren la posibilidad de inferir que en la actualidad a la ciudadanía no le interesa tanto saber qué hacen sus servidores públicos (donde están a toda hora o qué obras entregan/inauguran) y que ésta preferiría conocer más sobre cómo puede valerse más y mejor de aquellos servicios que el Estado, al implementarlos, le brinda u ofrece.¿Cuáles son entonces los obstáculos y beneficios en el tránsito definitivo, de la cámara “sobre” el jefe, a estrategias de comunicación gubernamental más adecuadas al presente? Inicialmente, cualquier equipo debería apuntar a balancear dos elementos: la comunicación interna del Gobierno, aquella que busca mayor coordinación y diversificación entre sus diversas áreas, y también la comunicación que el Gobierno sostiene con su entorno (organizaciones sociales, juntas vecinales, agrupaciones políticas, el sector privado, organismos internacionales, etcétera) y la ciudadanía en general. Lo que esta última no toma en cuenta siempre, y cabe reconocer, es que ambas cosas ocurren o debiesen ocurrir en el espeso espacio que es el aparato burocrático del Estado. En otras palabras, el esfuerzo por parte de los equipos de comunicación para llevar adelante ambos procesos se ve limitado constantemente por el creciente carácter administrativo de gestionar instituciones y administrar bienes, que implica el gobernar. Irónicamente –pero sin reparo alguno- lo que demandamos de la comunicación del gobierno va más allá de cumplir con eficiencia lo anteriormente mencionado, tiene que ver esencialmente con superar de una vez por todas la identificación de lo público exclusivamente con lo estatal y, peor todavía, con lo gubernamental.Resulta fastidioso que los operadores de comunicación gubernamentales se empeñen en difundir la mejor foto del ministro en acto oficial o de la diputada de turno en horario estelar en televisión, cuando, simultáneamente, la sociedad civil se debate redescubriendo la capacidad comunicativa de las prácticas cotidianas, explorando los canales alternos que deja el sistema oficial, reafirmando una y otra vez a diario que la eficacia comunicativa de un medio no está tan relacionada a la potencia tecnológica del mismo, como a su capacidad de convocatoria y resonancia a la hora de dar voz a la sociedad, y sus necesidades.Más allá de lo expuesto, el desafío de despersonalizar la comunicación de Gobierno parece haberse asumido desde algunas instituciones; información en formatos más interactivos sobre el desarrollo de la soberanía tecnológica en el Estado, tácticas de respuesta más eficaces a consultas ciudadanas sobre transporte masivo o campañas contra la violencia de todo tipo o de democracia intercultural, son algunos ejemplos que resultan sin duda alentadores. Pareciera que lo que diferencia a estos equipos es el haber entendido la necesidad de desarrollar la relación política-comunicación, incorporando un sentido de reconstrucción de lo público que priorice el reconocimiento cultural y social de nuestra diversidad, así como las emergentes formas de existencia y ejercicio de la ciudadanía.

* es politólogo


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