La tarea pendiente de la Saracho
Los años de bonanza económica también se sintieron en la superior casa de estudios de Tarija a través del jugoso bocado que llega a través del Impuesto Directo a los Hidrocarburos a las Universidades. Unas cifras millonarias que, para variar, no han tenido reflejo en la mejora académica; la...
Los años de bonanza económica también se sintieron en la superior casa de estudios de Tarija a través del jugoso bocado que llega a través del Impuesto Directo a los Hidrocarburos a las Universidades. Unas cifras millonarias que, para variar, no han tenido reflejo en la mejora académica; la Saracho no ha ascendido ni un solo puesto en los ránkings continentales que miden la calidad, de hecho ni siquiera aparece, y en los nacionales sigue quedando mal parada. Lo que sí ha hecho la Universidad Autónoma ha sido gastar en cemento y en otras infraestructuras que poco o nada han tenido impacto o uso, como el Gimnasio.El bloqueo en su renovación es sintomático. Desde hace una década no se logra concretar una elección en paz, ni para el rectorado, ni para una decanatura, ni siquiera para la FUL o para una dirección de Centros. El conflicto es permanente. Los últimos tres años ha alcanzado el punto más álgido y tras dos elecciones de Rector frustradas la interinidad y emergencia ha quedado instalada como estado habitual.Si solo se tratara de una lucha de poder entre roscas tendría el impacto que deja la lucha política en cualquier institución que administra con mayor o menor transparencia y acierto el dinero público. El problema es que la situación precaria, viviendo todos los días al borde del colapso racional, del bloqueo, del amedrentamiento, afecta a lo más valioso que tiene Tarija: sus jóvenes.El Rector Bladés ha dado un mínimo de estabilidad a la institución en un momento crítico, pero finalmente ha levantado las manos sobre el asunto más importante, el de la modificación del Estatuto, condición imprescindible para modificar los reglamentos de la elección y garantizar así una elección exitosa sea cual sea el resultado.En dos ocasiones se acudió a la votación en los dos últimos años y ningún candidato pudo ser posesionado por la exigencia de ganar tanto el estamento docente como en el estudiantil con la mayoría absoluta, una misión realmente difícil. En una ocasión hasta el candidato Eduardo Cortez, hoy viceministro, se sentó en el despacho noble del Rectorado, pero la objeción llegó hasta el Tribunal Constitucional obligándole a abandonar el cargo.Con el mismo Estatuto, más viejos y más cansados, se espera acudir en septiembre a las ánforas con unos frentes más o menos definidos similares a los de las dos ocasiones fallidas y con la misma sensación de que priman nombres y amistades sobre las propuestas y proyectos. La Universidad, la institución llamada a imaginar el futuro de Tarija para hacerlo realidad, ni siquiera tiene propuestas novedosas para sí misma.La pelea se ha centrado en la forma de elección, pero el Estatuto actual camufla otras trampas que son en parte las que han llevado a la Universidad al estado de precariedad actual. Lo más elemental son las muchas puertas falsas y pasadizos secretos que permiten a los docentes acceder a una Cátedra estable por invitación, medrando desde dentro, pero nunca, o muy pocas veces, desde una prueba objetiva de competencia en la que los mejores profesionales de Tarija se batan en duelo y justa ley para quedarse con el atril de la asignatura, un asunto que no es menor, pues afecta de forma directa a lo más valioso que tiene Tarija: sus jóvenes.El departamento de Tarija atraviesa una crisis motivada por factores externos, como la caída del precio del petróleo a nivel internacional, pero agravada por nuestra precariedad interna, como que nadie con los arrestos y responsabilidades suficientes quiso escuchar las advertencias que día sí y día después se publicaban para tomar los recaudos precisos.La situación actual también es producto de una falta de alternativas, de propuestas innovadoras que en su momento hubieran permitido al departamento desarrollarse en base a potencialidades propias y sostenibles, diferentes a las de los hidrocarburos, que dicho sea, también deberían aprovecharse de otra manera.En este contexto, es la Universidad Pública la que tiene una deuda pendiente con la sociedad tarijeña. Ya no queda tiempo de pelearse por migajas, porque no quedan. Toca enfrentar lo grande y eso no es otra cosa que educar a lo más valioso que tenemos: los jóvenes.


