El desconfiado
Preocupados y cabizbajos, siguen caminando hasta que uno de los dos divisa una vieja y dañada carreta llena de enlatados en su interior. Están eufóricos, pero tras muchos intentos empiezan a desesperarse ya que no hallan la manera de abrir ninguna de las latas. Cansados y desanimados, deciden...
Preocupados y cabizbajos, siguen caminando hasta que uno de los dos divisa una vieja y dañada carreta llena de enlatados en su interior. Están eufóricos, pero tras muchos intentos empiezan a desesperarse ya que no hallan la manera de abrir ninguna de las latas. Cansados y desanimados, deciden que uno de los dos regresará al pueblo a buscar un abrelatas y más agua, mientras que el otro se quedará cuidando el preciado tesoro que acaban de encontrar. El primero se despide calculando que en 3 días estará de vuelta. El que se quedó empieza a contar primero las horas y luego los días: 1, 2, 3... al quinto día, casi moribundo decide intentar nuevamente abrir una de las latas. Levanta una pesada piedra y cuando está a punto de lanzarla sobre una de las latas surge detrás de una gran roca el primer hombre gritando:- ¡Detente, traidor, detente!- ¡Llegaste, por fin llegaste! - contestó el otro- ¿Qué te pasó?- Nunca me fui. Yo sabía que no podía confiar en ti. He estado todo este tiempo vigilándote detrás de esa roca y ahora te he descubierto infraganti, con las manos en la masa. - ¿No fuiste al pueblo? Ahora, por tu desconfianza los dos estamos destinados a morir en este desierto.Ciertamente en más de una oportunidad es posible que hayamos sido traicionados, pero no por ello debemos empezar a desconfiar de todos. Se nos puede ir la vida en esto.


