Una nueva cultura ciudadana
Entendiendo que la lucha por la laguna de Coña Coña está centrada en la protección de uno de los pulmones de una de las ciudades más contaminadas del continente es necesario apuntar ciertos aspectos necesarios en el debate.Por distintas causas, Bolivia no es un país en el que se hayan...
Entendiendo que la lucha por la laguna de Coña Coña está centrada en la protección de uno de los pulmones de una de las ciudades más contaminadas del continente es necesario apuntar ciertos aspectos necesarios en el debate.Por distintas causas, Bolivia no es un país en el que se hayan emplazado grandes mega urbes, imaginemos Lima con 10 millones de habitantes, Buenos Aires 13 millones, San Pablo 12 millones, Bogotá 9 millones, etc. Pese a ello, Cochabamba con 1.164.643 habitantes, tomando en cuenta toda el área metropolitana, es de las más contaminadas. Sus características topográficas han ayudado a concentrar la contaminación del aire, a este hecho ha contribuido: el excesivo, descuidado y poco regulado parque automotor; el manejo de residuos sólidos y líquidos; los emplazamientos urbanos no planificados; industrias como las de cal o ladrillo; el desarrollismo “cementero y asfaltero” de diferentes gestiones municipales; el descuido de los acuíferos de la región metropolitana; y, otros factores más.Todos los problemas mencionados tienen en común una visión de desarrollo urbano que no se ha preocupado por el medio ambiente. Y esta visión no solo parte de las decisiones de las autoridades gubernamentales sino también de los pobladores que, sin tomar en cuenta lecciones de otras urbes que pudieron servir como ejemplo de cómo no se hacen las cosas, siguieron las rutas del progreso bajo el conocido lema de la modernidad. Superar la visión de desarrollo moderno implica reeducarnos en nuestros horizontes de vivencia y convivencia.El que los vecinos exijan el asfaltado de sus calles implica una impermeabilización de suelos que impide el alimento natural de los acuíferos, mientras más asfaltemos colapsaremos ríos y lagunas que por lógica natural se alimentan de sus afluentes. Por otro lado, el caos del transporte público y privado incrementa los valores de contaminación del aire exponencialmente, un lema de campañas de transporte masivo expresa que “un país desarrollado no es aquel donde la mayoría de la población tiene vehículos, sino aquel donde hasta los más adinerados se trasladan en transporte público”, haciendo un guiño hacia la calidad del transporte. En paralelo, el tratamiento de residuos sólidos es un problema irresuelto hace décadas, además del emplazamiento para realizar el tratamiento los municipios de la metrópoli no han incorporado un servicio eficaz de reciclaje, pero no sólo se trata de qué hacemos con nuestra basura sino de qué somos capaces de hacer para generar menos. Mientras tanto, a diferentes gestiones municipales no se les ha imaginado el precio de la deforestación a la hora de construir sus grandes obras, quitando así los árboles en una ciudad que requiere urgentemente de ellos. Estos y muchos más, son los ejemplos que se pueden esgrimir para tomar conciencia sobre el grave problema que enfrenta “La Llajta”. Los mismos no pueden ser de entera responsabilidad del municipio, aunque por lo dicho bastante tuvo que ver en el desastre, sino que también forma parte de prácticas de quienes habitan la llamada Ciudad Jardín de Bolivia. Es necesario generar una nueva cultura ciudadana, una que no sólo sea consciente de su interdependencia y relación con el medio ambiente sino que además sea capaz de generar prácticas cotidianas que posibiliten una convivencia armoniosa con su entorno.
*El autor es filósofo


