Ese 4 de julio, y sus esfuerzos
Actualmente ha recuperado algo de relevancia como acto de reflexión más que de celebración, aunque de igual manera se organizan serenatas y festejos modestos, pues tampoco se trata de negar de dónde venimos sino de aprender de la historia.Por la historia conocemos la importancia de la...
Actualmente ha recuperado algo de relevancia como acto de reflexión más que de celebración, aunque de igual manera se organizan serenatas y festejos modestos, pues tampoco se trata de negar de dónde venimos sino de aprender de la historia.Por la historia conocemos la importancia de la ubicación geográfica de este enclave a los pies del Guadalquivir, abriendo camino hacia el río de La Plata, haciendo de nexo entre las condiciones extremas del altiplano y las no menos duras del Chaco. Por la historia también sabemos que casi nunca hemos sabido aprovechar esa posición privilegiada.El camino del Inca pasó por las estribaciones de este valle, en la colonia jugó un papel en la ruta hacia el Atlántico, en la guerra de la Independencia certificó el cambio de ciclo cerrando una vía vital y fue punto de encuentro y disputa entre uno y otro ejército de liberación. En el siglo XIX Tarija fue una ciudad próspera dedicada al comercio desde su posición de enlace con los puertos bolivianos hasta que Chile los arrebató y el eje político se desplazó de Sucre a La Paz.En el siglo XX Tarija se limitó a sobrevivir a pesar de tener cerca los enormes yacimientos de gas y petróleo de Bermejo y el Chaco, quizá por el trauma generado en la ciudad que fue última escala de miles de soldados dispuestos a morir en la guerra más cruenta del continente en la era moderna. El haber sido cuna del cuatro veces presidente electo, Víctor Paz Estenssoro, tampoco fue garantía para lograr romper el aislamiento carretero y social. Tarija tuvo que tirar de ingenio y arrojo para traer luz, teléfono y otras modernidades que ahora, tantos años después, parecen emprendimientos vagos y descarriados pero que no dejan de ser hijos al fin.A finales de los 90 apareció algo que quería cambiarlo todo: el gas, aunque no fue hasta unos años después en los que se pusieron las condiciones para que se pudiera hacer. A la fecha todavía esperamos que se haga. O al menos se intente.Tarija ha consolidado el siglo XXI, ya 2017, con los mismos problemas de habitabilidad detectados hace varias décadas y con un problema heredado: Tarija lleva demasiados años sin saber que quiere ser.Mientras se decía que era mejor una Tarija chiquita se permitía la expansión desordenada hacia cualquier lado, multiplicando el caos de transporte, vertidos y suministros hasta el límite. Mientras se decía que Tarija tiene que ser una ciudad turística se proyectaban parques industriales. Mientras se habla de Tarija como nodo logístico se permiten carreteras sin inaugurar al norte y con pendientes dignas del Tour de Francia hacia el sur.Con 443 años a cuestas, Tarija ha alcanzado de sobra su madurez como ciudad y de a poco se van definiendo roles que debe asumir, aunque no sean del agrado de todos. Resolver los problemas cotidianos es una prioridad para empezar a trabajar de una vez en la habitabilidad y en la calidad de los servicios que presta, algunos tan esenciales como la Defensa de la Niñez o la Tercera Edad o todo lo relacionado con el deporte.Tarija sobre todo debe empezar a ser consciente de su capitalidad, que va mucho más allá de un eslogan, para en el marco de la cooperación impulsar el desarrollo armónico de las provincias. A nadie le conviene más que a Tarija que el departamento se dote de ciudades intermedias suficientemente desarrolladas como para fijar población. De lo contrario, Tarija será el principal destino elegido para migrar. De momento y en relación al resto del país, Tarija departamento fija población, pero la crisis puede haber cambiado las lógicas en los últimos años.Tarija cumple un año más envuelta en una caída de ingresos de grandes proporciones. No es la primera y no será la última. La próxima vez que llegue la ciudad debe estar ya situada en algún lugar. Es tiempo de trabajar para alcanzar los objetivos compartidos y trazados entre todos. No hay más tiempo que perder en asuntos pequeños.


