Banderazo para las elecciones judiciales
En 2011 resultó un ejercicio exótico, pionero y en el que la población acudió a las urnas de forma inocente, sin conocer la verdadera trascendencia que podían deparar. La campaña, informativa de méritos y poco más, fue un ejercicio demagógico y cada cual votó en función de alguna...
En 2011 resultó un ejercicio exótico, pionero y en el que la población acudió a las urnas de forma inocente, sin conocer la verdadera trascendencia que podían deparar. La campaña, informativa de méritos y poco más, fue un ejercicio demagógico y cada cual votó en función de alguna referencia política o social, por simpatía regional o empatía étnica. Al final todos los votantes tenían la sensación de que daba un poco igual. El verdadero trabajo de selección se había hecho mucho antes, en la fiscalización de la Asamblea Plurinacional a los diferentes requisitos que cada cual debía presentar.En 2011 era un misterio y pese a venir anunciado por la Constitución, el Tribunal Electoral no logró prender la “ilusión democrática”. Todo lo que tiene que ver con ánforas, en el imaginario tiene que ver con política, y no está tan desencaminado. Todos los que quisieron ridiculizar el “experimento” acabaron estudiando los mecanismos de selección de jueces en Estados Unidos y en otros lugares, donde evidentemente también tienen que ver con la política.La oposición entonces no logró articular una posición común. Algunos Comités Cívicos y algunos líderes de la vieja guardia, como Tuto Quiroga, promovieron el voto nulo, que como se vio al final no fue significativo, pero sobre todo, no tuvo ninguna relevancia política.Casi seis años después del experimento, en términos generales, la justicia de a pie no ha cambiado. Los ciudadanos tratan de hacer el bien casi más por temor a caer en semejante vorágine que por elementales sentidos de justicia. Las denuncias de corrupción, extorsión, concusión, bienes que desaparecen, jueces que callan o fugan, presos que se liberan de mentiritas y otras barbaridades están a la orden del día.Por otro lado, la Justicia de “altura” tampoco ha resultado como se esperaba. La mayoría de fallos han sido favorables al Gobierno sobre todo en la habilitación como candidato de Evo Morales en las elecciones de 2014, contra la letra de la Constitución y en sentencias de otra índole.Con todo, el MAS se ha llevado por delante a tres magistrados del Tribunal Constitucional gracias a sus dos tercios en la Asamblea; entre las pocas sentencias que no fueron del agrado se encuentra la de la famosa Ley del Notariado, que sirvió para accionar, y sobre todo la que eliminó los artículos de la Ley Marco de Autonomías con los que se suspendió a Mario Cossío han sido las más llamativas y con más consecuencias políticas.El MAS no va a modificar su estrategia, mientras que la oposición sigue sin un discurso unitario al respecto. Lo cierto es que los ciudadanos, esta vez conscientes de la relevancia y sus consecuencias, van a estar mucho más atentos al proceso, a los candidatos y a todo lo que pase en el camino.


