Tariquía, un mar de dudas
La urgencia de incrementar las reservas hidrocarburíferas juega en contra del Ministerio, que no puede dar los plazos necesarios para socializar y dejar madurar el proyecto y le ha llevado a encadenar numerosos anuncios sin que se pueda evidenciar una lógica común.En 2014 se levantaron por...
La urgencia de incrementar las reservas hidrocarburíferas juega en contra del Ministerio, que no puede dar los plazos necesarios para socializar y dejar madurar el proyecto y le ha llevado a encadenar numerosos anuncios sin que se pueda evidenciar una lógica común.En 2014 se levantaron por decreto las restricciones a ingresar en las reservas nacionales. Desde entonces se abrieron conversaciones con Petrobras, la cada vez menos empresa nacional brasilera. Petrobras, que ha hecho grandes negocios en Bolivia luego de que se le adjudicaran los campos de San Alberto y San Antonio como nuevos en la época de la capitalización, con su consiguiente merma en el pago de impuestos y regalías, ha llevado al límite ambos megacampos y su permanencia en Tarija dependía en buena parte de la renovación de los mismos.El Ministro Luis Alberto Sánchez anunció en marzo en este diario que Petrobras tenía dudas de continuar con el proceso por los problemas ambientales que se estaban generando. Sea eso o sea las nuevas directrices del Gobierno de Michel Temer para con Bolivia y su dependencia petrolera, la pasada semana el mismo Sánchez aseguró que viajaría a San Petesburgo para firmar convenio de intenciones de exploración con la gigante rusa Gazprom, una empresa estatal Sociedad Anónima.La flexibilidad con la que se aplica la norma sobre la certificación de Reservas nacionales, que de ser obligatoria anualmente lleva desde 2014 sin publicarse, está generando muchas reflexiones y temores. Para entonces se había logrado incrementar en 0,5 Trillones de pies cúbicos hasta los 10,45. El consumo anual ya supera el trillón. El Ministro, sin certificación, asegura que estamos por encima de aquello. Tariquía, Huacareta y el resto de pinchazos en el entorno de Margarita son las esperanzas para incrementar reservas significativamente, pero de momento solo son intenciones.La crisis que atraviesa el sector a nivel internacional ya se está cobrando sus primeras víctimas. También en Bolivia. La semana pasada las agencias de calificación han elevado el riesgo país de Bolivia, un raiting inherente del capitalismo neoliberal más salvaje que el Gobierno del MAS ha decidido aceptar. Sin reservas y con los precios del petróleo bajos, el margen de endeudamiento disminuye según las agencias. Algunos fondos empiezan a hablar de la burbuja del petróleo no convencional y de las falseadas subvenciones que en Estados Unidos se está dando al sector, pero hasta que eso explote, los ingresos de Bolivia serán en coherencia.Mientras los cálculos políticos, las maniobras financieras, la especulación económica y el resto de fuerzas se miden y dirimen a miles de kilómetros, en Tariquía, un lugar hasta hace bien poco absolutamente inaccesible, un puñado de comunarios se encuentran sometidos a presiones mayores para tomar una decisión sobre el permiso a explorar sin que haya siquiera un pretendiente seguro. El particular mecanismo que permite a unas docenas de comunarios decidir sobre un asunto estratégico nacional, sin posibilidad alguna de negarse y a la vez, sin capacidad de entender el impacto verdadero de una actividad altamente mecanizada, ha convertido la convivencia en un asunto del pasado. Como fuere, el petróleo ya ha empezado a hacer mella, por la incapacidad de asumir decisiones y derivarlas hacia los más débiles sin asumir que no es tiempo de espejitos, sino de decisiones valientes.


