La homofobia mata
Es más, parece que todo lo conseguido motivaría con más fuerza esta censura. Sencillamente, las leyes no parecen importarles a tanta gente que discrimina sin siquiera conocer a las personas. Pero lo claro es que la homofobia es una práctica discriminatoria. Es un subtipo...
Es más, parece que todo lo conseguido motivaría con más fuerza esta censura.
Sencillamente, las leyes no parecen importarles a tanta gente que discrimina sin siquiera conocer a las personas. Pero lo claro es que la homofobia es una práctica discriminatoria. Es un subtipo de discurso específico, que existe en distintos grupos sociales y que desencadena millones de muertes en el mundo y durante cada año.
Ésta se basa en un conjunto de estigmas inmerecidos, prejuicios desventajosos, estereotipos enraizados y tabúes aceptados acríticamente. Disminuye la esperanza de vida, la protección contra los riesgos y el acceso a los servicios.
Y por si esto fuera poco, la homofobia fortalece la intolerancia a la diversidad y facilita los abusos de la autoridad. Promueve la ruptura de las familias y el odio entre los grupos. Legitima la ley del más fuerte. Es una caracterización de superioridad y de inferioridad, y una negación de igualdad en derechos.
Este tipo de discriminación se expresa en maltratos, abusos, exclusión, miedo, muertes y ruptura del tejido social. La homofobia, como toda forma de discriminación, es una negación de la dignidad humana.
En la ciudad de Tarija ha quedado demostrado la existencia de una fuerte homofobia matizada de un extremo machismo. Esta discriminación se la respira en las calles, en los cafés, en los mercados y sobre todo en las redes sociales.
Uno de los hechos que ha dejado esto en descubierto sucedió tras que el diario El País eN publicara dos reportajes sobre gais y lesbianas. El primero naturalmente concentrado en un hombre mereció hasta felicitaciones por la valentía del entrevistado al aceptar su tendencia sexual, en cambio el segundo centrado en una mujer lesbiana recibió insultos hacia la protagonista.
En este marco, es indispensable comprender mejor, y descifrar cómo ha influido el machismo y ahora la homofobia en la construcción histórica de nuestra sociedad. Comprender cómo todo esto afecta las relaciones interpersonales basadas en el respeto, la igualdad y el reconocimiento mutuo.
Personas homosexuales, gays, lesbianas, bisexuales, travestis, transexuales, transgénero e intersexuales (LGBTTTI), viven en todo el mundo situaciones complejas en razón de su orientación sexual o de su identidad de género. Las viven en cada lugar del país de manera continua y continuada, en las casas, en el bullying homofóbico, en el trabajo, en la calle, en los comercios o los hospitales.
Aún no hemos logrado pasar del reconocimiento de la diversidad al de la igualdad, que se construye a partir de las diferencias y no de la uniformidad, que supone la eliminación de la desigualdad de trato desde todos los ámbitos de la sociedad y en todos los rincones del país.
Ello supone -según el sociólogo Ricardo Bucio- fundamentalmente la certeza de que la orientación sexual e identidad de género de cada persona es un tema de derechos humanos, es decir, de obligaciones sociales y políticas, y no sólo de lo más profundo de cada persona. Esta certeza ha ido avanzando de diversas formas en el mundo, pese a que sigue siendo un tema de gran complejidad.
El 17 de mayo de 1990, la Asamblea General de la OMS eliminó la homosexualidad de su lista de enfermedades psiquiátricas.
Este avance fue el fruto de una larga lucha de los colectivos por los derechos de las personas homosexuales, que ya en 1973 habían logrado que la Asociación Norteamericana de Psiquiatría retirase la homosexualidad como trastorno de la sección Desviaciones sexuales de la segunda edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-II).
En Bolivia el Gobierno promulgó la Ley N° 807 de Identidad de Género que permite el reconocimiento a los ciudadanos tránsgenero y transexuales, quienes podrán cambiar de nombre y género en su documento de identidad.
Empero, a pesar de estos avances, el homofóbico aún va por ahí reseñando el mundo sin haberlo leído. Desfigurando, deshumanizando, llamando a la discriminación y hasta asesinando.
Superar estos prejuicios es uno de los mayores desafíos que enfrenta nuestra sociedad y las demás sociedades contemporáneas. Intentarlo vale la pena, es profundamente humano y ayuda a la convivencia.


