Puñalada a un acuerdo que nació moribundo

Pero lo cierto es que el celebrado Acuerdo de París nunca fue realmente una solución al problema climático. Primero que nada, hay que recordar que distintos actores, desde los grandes exportadores de petróleo a las corporaciones globales, todos ellos, terminaron aplaudiendo el acuerdo...

Pero lo cierto es que el celebrado Acuerdo de París nunca fue realmente una solución al problema climático. Primero que nada, hay que recordar que distintos actores, desde los grandes exportadores de petróleo a las corporaciones globales, todos ellos, terminaron aplaudiendo el acuerdo parisino. El coordinador del programa de energía del Centro Uruguayo de Tecnologías Apropiadas (CEUTA), Gerardo Honty, había advertido ya en 2015 que “si esos actores celebran el convenio, es que sin duda no se están poniendo límites a la civilización petrolera”, causante de estos males. El evento que albergó al Acuerdo de París (el COP21) costó cerca de 170 millones de euros (sin contar con los abultados gastos de seguridad). Un 20% de ese presupuesto fue pagado por empresas privadas, muchas de ellas del sector eléctrico, aerolíneas, compañías automovilísticas, bancas y aseguradoras. Entre esas empresas estaba la Électricité de France, cuya propuesta contra el cambio climático se basa en el aumento de centrales nucleares en Francia. Instalaciones libres de carbono, pero con el problema de radiactividad que omiten, mientras que las energías renovables constituyen apenas el 2% de su volumen de negocio. Otro gran patrocinador fue Engie, antiguamente GDF Suez, que figura entre los primeros emisores globales de gases de efecto invernadero, con 155 millones de toneladas de carbono emitidas por año durante 2013, según Thomson Reuters. Además, según un estudio de la Universidad de Oxford, Engie posee 30 centrales de carbón en el mundo, sobre todo en Europa, Estados Unidos y Australia, que están entre las más ineficientes del mundo. A esta polémica lista se suman Nissan, Ikea, el banco BNP-PARIBAS (gran inversor de proyectos expansivos de extracción de carbón), entre varias otras. Por otro lado, varios expertos criticaron que el Acuerdo de París no haya tenido compromisos vinculantes ni real supervisión internacional, “legitimando nuevas falsas soluciones y peligrosas tecnologías”. Y es que si los países no están obligados a cumplir los compromisos de reducción de emisiones que han presentado, no habrá sanciones si no cumplen, y quedarán en eso, en simples ofrecimientos. La organización internacional Oxfam y la investigadora Naomi Klein, advirtieron a su vez que en el Acuerdo no aparecen siquiera nombrados conceptos clave como “combustibles fósiles”, “petróleo” y “carbón”. En palabras de un informe Oxfam, “la mitad más pobre de la población mundial (cerca de 3.500 millones de personas) genera solo alrededor del 10% de las emisiones a nivel mundial y, sin embargo, vive mayoritariamente en los países más vulnerables ante el cambio climático, mientras que el 10% más rico de la población es responsable de alrededor del 50% de las emisiones mundiales”. Un acuerdo incompleto y moribundo. Pero ahora sí que parece imposible evitar que la temperatura de la Tierra alcance en unos años los niveles que los científicos califican como catastróficos.Habrá que orar por un plan B, aunque sea del estilo de la ciencia ficción: buscar otros planetas habitables en el universo y preparar una costosa, masiva y precaria migración planetaria.


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