No maltraten a Petrolero

Salarios astronómicos, cifras impagables por derechos de imagen y derechos de televisión,  todo el circo mediático que acompaña, el merchandaising y hasta el efecto tendencia que los jugadores de primer nivel marcan en la forma de vestir o cortarse el pelo indican que el fútbol no es un...

Salarios astronómicos, cifras impagables por derechos de imagen y derechos de televisión,  todo el circo mediático que acompaña, el merchandaising y hasta el efecto tendencia que los jugadores de primer nivel marcan en la forma de vestir o cortarse el pelo indican que el fútbol no es un deporte más. Este sábado a las 14.45 millones de personas alrededor del mundo estarán pendientes de como ruede el balón en la final de la Champions.Los poderes públicos no han estado al margen del fútbol y de su influencia social. En Europa han construido estadios, han facilitado operaciones urbanísticas de los propietarios de los clubes para favorecer sus finanzas, han aportados miles de millones de dólares, euros, libras o pesetas en patrocinios y últimamente se pelean por acoger finales.Uno de los casos más mediáticos fue el de Jesús Gil, presidente del Atlético de Madrid y alcalde de Marbella, un pueblito a las orillas del Mediterráneo que acabó convertido en un monumento a la especulación urbanística del sol y playa. Durante años, el Atlético de Madrid lució en su pecho el patrocinio de Marbella, que se acabó convirtiendo en un destino turístico muy apreciado en los 80 y 90.Sin tantos escándalos de corrupción a las espaldas y siempre en correlación con la ciudad donde jugaba el equipo, los alcaldes de media España, media Italia y media Inglaterra han apoyado con campañas de todo tipo y decenas de millones del contribuyente a los equipos que hoy forman las tres ligas más importantes del mundo. En otra dirección, algunos equipos de fútbol han sido utilizados para promover cierta ideología en relación a la propia comunidad de acogida. Varios equipos franceses e italianos han tenido problemas con la ultraderecha, aunque el caso más simbólico es el del Barcelona de Pep Guardiola, que pasó de ser un equipo vanguardia del catalanismo frente al poder central de Madrid a ser el abanderado del proyecto independentista que hoy pretende romper relaciones con el Estado español.Nada de esto ha pasado en el Gran Chaco donde su otrora equipo insignia ha sido expuesto a burlas y críticas a nivel nacional e internacional precisamente por el suicida manejo político que ha convertido una oportunidad en un hazmerreír. Petrolero no hizo méritos en la anterior temporada para jugar una Copa Sudamericana, coqueteo con el descenso hasta el final, pero las extrañas operaciones de la Liga y la Conmebol habilitaron una plaza que le fue adjudicada. De hecho, Petrolero se ha desinflado a medida que los políticos de la subgobernación han puesto sus ojos en él aprovechando el fin de la bonanza y el agotamiento financiero del fundador Federico Ibarra. Y no es que los políticos en todo el mundo no pongan los ojos en el fútbol, en todos los lugares patrocinan campañas turísticas hacia fuera y de valores hacia dentro y luego salen en las fotos, pero lo que no hacen es meterse a gestionar un equipo, sin saber y sin pretender otra cosa que sumar en los éxitos.La Conmebol ha dado al equipo 250.000 dólares al equipo para participar, no para acabar haciendo el ridículo. Ninguna otra institución, al menos de forma transparente, ha firmado un convenio de promoción. Petrolero, último en la tabla y con deudas, sobrevuela la desaparición si es que nadie lo remedia.Es preciso que, antes de tomar acciones, se depuren responsabilidades en el Chaco.Si conseguimos volver a convertir el fútbol en deporte, tener un equipo profesional resulta positivo en muchos aspectos de ciudad o país: Los niños encuentran héroes locales en los que fijarse, la motivación es más directa, se generan sentimientos de cohesión, de pertenencia, de solidaridad, etc. El fútbol es un buen vehículo para transmitir valores… Y también uno muy malo. El ejemplo de los que han manejado el club chaqueño este año es de los malos, de los que no se deberían volver a repetir.


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