Brasil, al contrataque

Temer pide que se siga pagando ni más ni menos que al diputado Eduardo Cunha para salvaguardar su silencio. Cunha fue el desencadenante, el fusible que permitió instalar el proceso de impeachment que descabezó el Gobierno legítimo de Dilma Rousseff y permitió el de Michel Temer, el poder en...

Temer pide que se siga pagando ni más ni menos que al diputado Eduardo Cunha para salvaguardar su silencio. Cunha fue el desencadenante, el fusible que permitió instalar el proceso de impeachment que descabezó el Gobierno legítimo de Dilma Rousseff y permitió el de Michel Temer, el poder en las sombras que nunca hubiera ganado unas elecciones pero que logró su objetivo gracias al manejo de los resortes y a las alianzas contra natura alejadas de la ejemplaridad ética que en los últimos años se han impuesto no solo en Brasil sino también en otros Gobiernos progresistas sellando con ello su  final.El analista político Marcelo Gullo, uno de los que piensa desde la periferia cómo el continente debe salir de la periferia dando argumentos sólidos señala que la situación actual es la evidente reacción de un sector nacional – concretamente se atreve mencionar a un sector del ejército más ligado a lo popular – a la violentación del orden constitucional facilitada por la élite política corrupta que frustró el proyecto de consolidación de poder nacional que el Partido de los Trabajadores estaba llevando a cabo con éxito con Lula Da Silva primero y Dilma Rousseff después.  El de Temer era un proyecto de vuelta al redil articulado por una élite blanca y rica para un país extremadamente desigual y mayoritariamente pobre. Quien fuera – para Gullo no hay duda de que fueron los servicios de inteligencia de los países centrales del orden mundial – diseñó los tiempos y las formas. Tan pronto empezaba la desaceleración del gigante sudamericano. Ni siquiera les importó ejecutarlo coincidiendo con la puesta de Brasil en los ojos del mundo, Juegos Olímpicos mediante. El rodillo avanzó y tumbó el régimen del Foro de Sao Paolo, auspiciador entre otros de Evo Morales, impulsor del banco de los BRICS y el único que tuvo la osadía incluso de reclamar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.Temer sabía lo que tenía que hacer y no perdió ni un segundo en seguir liquidando no ya los programas sociales, sino Petrobras y el resto de las grandes iniciativas nacionales ya de por sí desinfladas respecto al plan original. En el corto plazo un respiro para los indicadores; en el largo, un retorno a la periferia.En política exterior, las dudas eran todavía menores. No UNASUR, No CELAC y giro radical en el Mercosur. Entre las re definiciones, Bolivia pasaba de ser aliado estratégico a socio comercial con ideología a la que aplastar. El presidente del Banco Central de Bolivia, Pablo Ramos, advertía el fin de semana de la afectación a la economía boliviana de las turbulencias en Brasil y lo cierto es que, además de la contracción de la demanda del gas por la destrucción del tejido industrial, varios analistas observan motivos políticos en el recorte de las nominaciones y alertan que, con los actuales problemas de producción en YPFB, el cambio de tendencia para solicitar máximos, como adelantó el martes el embajador Raymundo Santos, ahonda en la línea de hacer el mayor daño posible al Gobierno de Evo Morales.En el escenario soñado de Michel Temer se cruzó Donald Trump y su nueva visión de subordinación imperial. Puede que O Globo se haya dado cuenta y haya recuperado las tesis que le llevaron a ser “amigo” de Lula durante un largo periodo de Gobierno. Las posibilidades de caer son ahora más sólidas que hace una semana. En Bolivia nos conformaríamos con que gobierne un vecino y no un enemigo.


Más del autor