Al agua, patos

También desde hace más de una década, las presas de todo tamaño y condición, las contrapartes a los proyectos Mi Agua, atajados, cosechas de agua y un largo etcétera copan los presupuestos de todas las instituciones año tras año. Pero no hay agua. En el Chaco, por el que han pasado una...

También desde hace más de una década, las presas de todo tamaño y condición, las contrapartes a los proyectos Mi Agua, atajados, cosechas de agua y un largo etcétera copan los presupuestos de todas las instituciones año tras año. Pero no hay agua.

En el Chaco, por el que han pasado una friolera de miles de millones de dólares en la última década, las imágenes de vacas muriendo a los costados de las carreteras se hacen recurrentes cada año. En lo profundo de Villa Montes sobre la frontera de Paraguay y mucho más cerca el oeste de Caraparí. Ganado deshidratado que no consigue agua ni forraje por las duras condiciones climáticas, sí, y por la nula capacidad de planificación y gestión.El País visitó en marzo el municipio de El Puente, uno de los municipios que más padece las estrecheces climáticas. Cada mala cosecha se traduce en docenas de familias migrando hacia la ciudad, en despoblación galopante, en servicios públicos, como escuelas y centros de salud, que tienen que cerrar al no cumplir con los mínimos. En El Puente hay al menos una decena de atajados secos, mal planificados y no conectados a ningún canal útil.No hay que ir tan lejos, las grandes represas del departamento, como Huacata, apenas cuentan con sistemas de riego para cubrir las demandas en las áreas del entorno que podrían ser fácilmente inundables y por lo tanto, productivas.En principio, la decisión del Gobernador Adrián Oliva de crear una nueva dirección en su gabinete, esta vez para encargarse de forma integral de todos los proyectos de agua dispersos en los presupuestos de las secretarías de Obras Públicas, Medio Ambiente y también subgobernaciones y proyectos concurrentes parece a todas luces una buena noticia.También lo es la selección del profesional que se hará cargo, Alfonso Enrique Blanco López, con sobrada formación en el área y larga trayectoria profesional. Su nombre ha sido aplaudido por todos los sectores políticos y los que trabajan en el área medioambiental, lo que a priori tampoco es garantía de una buena gestión aunque quizá sí, más fácil.Ahora bien, tampoco será un camino de rosas. Blanco López tendrá que poner en práctica sus dotes para el diálogo con sectores campesinos, pues el área es sensible y no todas las represas cuentan con el respaldo social necesario. El proyecto en La Victoria o en Carachimayo son algunos de competencia departamental que requerirán acuerdos.Ahora bien, mayor conflicto se van a encontrar con los proyectos nacionales que se desarrollan en Tarija, con unas dimensiones mucho mayores y con un impacto, en los dos sentidos, mucho más llamativos. El proyecto Carrizal pretende regar más de 250.000 hectáreas en el Chaco, mientras que el de Cambarí, proyectado en el corazón de la reserva de Tariquía, está pensado para exportar energía eléctrica.Sin duda la tarea es titánica, pues son decenas de proyectos de todos los tamaños los que ahora se ordenarán bajo una sola batuta. El agua es prioridad, por lo que la crisis no debería afectar en demasía, incluso la FAO comprometió ayuda a Bolivia por el impacto del cambio climático que se sintió profundamente en 2016. Así pues, es hora de pasar a la acción.


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