¿Un nuevo delito en Tarija?

toda vez que representa no sólo un grave impacto psíquico y moral en perjuicio de las víctimas sino también porque su ejecución en muchos casos puede implicar la tortura o la muerte de éstas.Se trata de una de las ramas de la delincuencia organizada que más ocupa la atención de los...

toda vez que representa no sólo un grave impacto psíquico y moral en perjuicio de las víctimas sino también porque su ejecución en muchos casos puede implicar la tortura o la muerte de éstas.Se trata de una de las ramas de la delincuencia organizada que más ocupa la atención de los Estados, razón por la cual en los diversos foros internacionales se avanza en la búsqueda de establecer mecanismos de cooperación para combatirlo.Aunque en Tarija no se han registrado varios casos, la alerta de la última semana en la que la Policía informó que existe una banda organizada de secuestradores, le ha quitado la paz a muchas familias.En abril y mayo de este año se reportaron dos intentos de secuestro. El primero sucedió el pasado 30 de abril aproximadamente a las cinco de la tarde, en la ex terminal de buses. Ahí una adolescente estuvo a punto de ser secuestrada  por tres individuos en un taxi.Los hombres interceptaron  a la víctima  en un vehículo,  intentaron subir a la joven por la fuerza, pero ésta logró escapar y pidió auxilio a la gente que se encontraba por el lugar.  Los delincuentes se dieron a la fuga, cuando vieron que los vecinos salieron en defensa de la víctima.Otro hecho similar ocurrió  el pasado 2 de mayo a las 14.50, cuando dos delincuentes subieron a la fuerza a un auto a una adolescente de 15 años. El hecho ocurrió en la calle Daniel Campos  a la altura de la Víbora Negra. Una adolescente  fue llevada a la fuerza  en un vehículo, pero la víctima logró salir del auto después.Ambas jóvenes están siendo tratadas con psicólogos. Empero, éstos no fueron los únicos casos, pues en octubre de 2014 ocurrió un hecho aún más alarmante, una persona de sexo masculino fue interceptada por dos hombres armados cuando salía de su tienda comercial. Fue amordazada y maniatada para luego ser trasladada hacia el lago San Jacinto. Posteriormente, los secuestradores se contactaron con los familiares de la víctima para pedir un monto económico para su liberación.En cuanto al modus operandi la Policía reporta que  los criminales, están descuidando a las personas cuando caminan por la calle. Los atacantes circulan en vehículos que tienen el letrero de “Taxi” y ante el descuido de la víctima entre dos o más las introducen a la fuerza al auto.Pero ¿Qué efecto tienen estos casos en las familias? Aunque la mayoría de las personas no han sido aisladas del mundo y no tienen una pistola enfrente, el miedo crece y el encierro psicológico se hace presente. Ante la alerta muchas personas han optado por tener los ojos vigilantes, pues no saben dónde están ni dónde las pueden sorprender.Si es que la Policía no cumple con la labor de terminar con estas bandas delincuenciales y desde el Estado no se promueven políticas para erradicar este delito las consecuencias en las sociedades, además de en las víctimas, son irreversibles. Sociólogos entendidos en el tema indican que el secuestro va desestructurando sutilmente la red de relaciones sociales, haciendo que las personas centren su vida en lo privado, viendo lo público y al país como algo de lo cual hay que protegerse y defenderse. Y en este proceso de defensa las víctimas se sienten absolutamente solas, desamparadas por un Estado incapaz de protegerlas y ofrecer soluciones para combatir la violencia que nos acosa diariamente y se nos hace cada vez más presente.Así, las personas sienten que no tienen control sobre lo que les pueda suceder, la confianza se vuelve selectiva reduciendo al máximo el círculo de personas consideradas fiables, hay una gran sensación de desesperanza y pérdida de interés por un país que se ha convertido en fuente constante de temor.Pero no sólo la Policía debe prever acciones en torno a este delito o el Estado generar normas que apoyen el accionar de la Policía, sino también el Ministerio Público como garante de la legalidad, no debe escatimar esfuerzos en la formación de fiscales especializados y la creación de unidades técnicas para dar respuestas eficaces e idóneas.Aún estamos a tiempo de tomar el “toro por las astas” y erradicar este delito que busca irrumpir en las calles tarijeñas. No dejemos a nuestra sociedad en manos de la psicosis y el desamparo.


Más del autor