Ponga buen periodismo en su vida

En 1938, otro caudillo aunque de un cariz diferente, Germán Busch, personaje decisivo en la formación nacional popular de Bolivia con medidas tales como la nacionalización de las ganancias de la gran minería del estaño, de YPFB o la regionalización de las regalías del 11 por ciento,...

En 1938, otro caudillo aunque de un cariz diferente, Germán Busch, personaje decisivo en la formación nacional popular de Bolivia con medidas tales como la nacionalización de las ganancias de la gran minería del estaño, de YPFB o la regionalización de las regalías del 11 por ciento, decretó que el 10 de mayo se convirtiera en el Día del Periodista Boliviano. La diferencia entre los populistas de hoy y los de ayer está en el método. También el periodismo ha cambiado en los métodos, pero no es difícil reconocer viejos vicios, esos espacios incómodos que se multiplican estos días de discursos huecos. El problema del periodismo es que es un oficio extremadamente precario y vulnerable, y que los errores individuales suman al colectivo. Con todo, el periodista sigue gozando de cierto reconocimiento social; eso sí, del periodista que se ha mantenido cerca de los de abajo y no los que se han dormido en las mieles de los de arriba.El oficio es precario no solo por las condiciones salariales o laborales, lo es también por lo vulnerable de la información, por el oscurantismo de las fuentes, por la falta de transparencia de las operaciones oficiales y por un largo etcétera de incongruencias. Amar el dato es esencial en el oficio, encontrarlo es cada vez más difícil. Las autoridades han contratado legiones de comunicadores que se han convertido en meros aduladores mientras que la información se esconde debajo de las alfombras. Aún con promesas de transparencia.En la era digital, unos han creído esas tesis del marketing político que asegura que solo se debe dar la imagen del invencible y repetir cuatro veces la misma historia. Hacerla viral. Y que todo ello contribuye a mantener el poder en lugar de explicar los detalles, los hechos. Otros han creído que el periodismo de estos tiempos son las redes sociales y que cualquiera, desde su ventana, puede tomar una fotografía que haga caer los cimientos del poder. En esa misma línea, son muchos los que llevan años pregonando el final del periodismo “de papel” y anticipando la hegemonía del web, la dictadura de lo viral.Lo que desde los sectores del poder se alienta es el fin del periodismo independiente. A lo que aspiran es a eliminar la réplica, a sustituir la interpelación por fotos coloridas con niños jugando y collares de flores al cuello. A cambiar una entrevista en profundidad por un video HD editado con imágenes tomadas desde un dron. Todo vale para ello, en Bolivia las pocas empresas periodísticas que se han tomado en serio la profesión y el servicio ciudadano sufren los rigores del poder. Los aprietes contables. Las medidas alegres que han impedido invertir en tecnología y nos mantiene a la cola del continente.  Ataques abiertos y televisados por la red pública.La buena noticia es que no está todo perdido. Usted amable lector es quien marca la diferencia de lo que quiere o no quiere que sea el periodismo boliviano. En sus manos está marcar el horizonte. Es su decisión.Otrosí.- No olvidemos a Cristian Mariscal


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