No somos corruptos por naturaleza
Lo propio pasa con los casos denunciados del victimado en su encumbramiento, su antecesor Mario Cossío Cortez, que ve desde el Paraguay como la mayoría de sus casos se van cerrando.Cossío Cortez simbolizaba para todos sus detractores el paradigma de la corrupción, con obras magníficas y...
Lo propio pasa con los casos denunciados del victimado en su encumbramiento, su antecesor Mario Cossío Cortez, que ve desde el Paraguay como la mayoría de sus casos se van cerrando.Cossío Cortez simbolizaba para todos sus detractores el paradigma de la corrupción, con obras magníficas y resoluciones sonoras, además de las muy mentadas fiestas cuando se decía que se alcanzaban cifras redondas en el patrimonio. Su sucesor, Lino Condori, simbolizó el despilfarro por doquier, las obras innecesarias e inútiles, festivales de primeras piedras con anticipos fugados.Cossío Cortez fue exculpado en el emblemático caso Imbolsur, en el que se le adjudicaba responsabilidad en el no cobro de una boleta por el incumplido contrato de provisión de cemento asfáltico. Cossío sí ha sido condenado a tres años por no haber ejecutado la boleta en el caso de la piscina olímpica y dos en el caso de la carretera Tojo – Carretas.Lino Condori, por su parte, apenas ha sumado imputaciones en estos dos años en los qie dejó el cargo de Gobernador que ocupó durante los cuatro años que más recursos manejó el departamento. Mantiene la imputación por la adjudicación de la vía en Copacabana a una asociación accidental sin experiencia (y cuyos miembros se adjudicaron también la Terminal de Buses y el Mercado Central) y ha sido imputado por el controvertido caso de los motores chinos.Para sus enemigos, los resultados procesales tanto de uno como de otro no cumplen con las expectativas. Es demasiado poco. La conclusión inmediatamente se traslada a desconfiar del sistema judicial.El pesado sistema judicial, la burocracia procesal y la chicana profesional han acabado por minar cualquier tipo de confianza en la Justicia boliviana. La impunidad campa a sus anchas y, ante cualquier problema legal, sea de inseguridad, sea administrativo, el convencimiento de que no se hará justicia es mayoritario.Con el paso del tiempo, la desconfianza se ha generalizado en los gobernantes de hoy. El discurso imperante es que todos son iguales. Que no importa lo que digan, lo que prometan en campaña, ni siquiera lo que hagan. Tarde o temprano darán el palo porque así está escrito. Como si se tratara de un destino ineludible.El convencimiento se extiende también hacia abajo y algunos avivados empiezan a trabajar en consecuencia, sin disimulo siquiera, sea en una junta vecinal, en una Dirigencia de Centro Universitario y hasta en una asociación de comadres.En el fondo, nos seguimos convenciendo de que no servimos para manejar responsabilidad, reforzamos la idea de que es mejor entregar lo nuestro porque afuera administran mejor, conocen mejor, son más listos que nosotros y que nosotros nos merecemos nuestro propio destino.Es urgente recuperar los valores éticos y morales que permitan limpiar la cara a la política, recuperarla como acto de servicio. Plantar cara a la grande y evitar que la corrupción acabe por pudrir los espacios cotidianos. Es necesario convencernos de que no tenemos una predisposición genética al fracaso, por mucho que nos lo hayan vendido desde los países que mandan.


