Tocando el cielo sin brazos
“Era difícil ser diferente.”Sin embargo, tomó parte en diversas actividades como gimnasia, baile y canto, a menudo realizadas en grandes escenarios.Cuando era joven a menudo se enfadaba, pataleando y gritando en sus berrinches por la ausencia de sus extremidades. No obstante centró toda su...
“Era difícil ser diferente.”Sin embargo, tomó parte en diversas actividades como gimnasia, baile y canto, a menudo realizadas en grandes escenarios.Cuando era joven a menudo se enfadaba, pataleando y gritando en sus berrinches por la ausencia de sus extremidades. No obstante centró toda su energía en la práctica de deportes. Para Jessica, el mayor reto de haber nacido sin brazos eran las constantes miradas, más que la adversidad física.“Yo solía irritarme mucho cuando la gente me miraba caminando por la calle o por la manera de comer con mis pies. Pero he aprendido a sacar lo positivo de esas situaciones y me dan la oportunidad de utilizar ese canal de vibraciones positivas y ser un ejemplo de optimismo”. Jessica da crédito a sus padres de ser modelos de conducta y sus pilares de apoyo. “Mi madre es mi modelo y siempre me dice que puedo hacer cualquier cosa que yo me proponga. Mi papá nunca derramó una lágrima cuando nací porque no me ven como una víctima. Es difícil ser padre de un hijo discapacitado. Fue mi roca durante los tiempos difíciles y es el que ha formado la persona que soy el día de hoy”.Cuando por primera vez aprendió a manejar un auto, fue gracias al uso de modificaciones especiales. Sin embargo, después de haber aprendido bien, decidió suprimir las modificaciones y ahora es titular de un permiso de conducir sin restricciones.


