Qué hacer con el gas
El consumo interno de gas subió a los 16 millones de metros cúbicos y más de 3,5 millones de familias se encuentran conectados a la red y disfrutando de las comodidades que ofrece el gas domiciliario.El dato avanza entre una polémica mitad forzada mitad real sobre la provisión de gas a la...
El consumo interno de gas subió a los 16 millones de metros cúbicos y más de 3,5 millones de familias se encuentran conectados a la red y disfrutando de las comodidades que ofrece el gas domiciliario.El dato avanza entre una polémica mitad forzada mitad real sobre la provisión de gas a la Argentina. El Embajador Normando Álvarez cuestionó la semana pasada la capacidad de Bolivia de producir el gas suficiente para honrar el contrato mientras que el Ministro Sánchez ha asegurado que los contratos se han cumplido escrupulosamente. El propio Evo Morales se ha sumado a la polémica asegurando que todos los contratos se cumplirán y pidiendo un esfuerzo mayor en exploración.Lo teóricamente urgente es incorporar más producción al mercado. Brasil puede pedir hasta 30,5 millones de metros cúbicos además de haberse firmado otros contratos interrumpibles complementarios. Argentina, en pleno invierno y desde el 1 de mayo puede nominar un mínimo de 19,9. La producción ronda los 60 millones y si todos alcanzan máximos, como parece, las cuentas no salen.Es cierto que Argentina enfrenta en pocas semanas una campaña electoral por las legislativas que se antoja vital. Si el partido de Mauricio Macri gana netamente podrá profundizar su campaña de “reformas”. Si su resultado queda en entredicho le faltará legitimidad para abordarlo. En esas circunstancias se entiende que se tomen las precauciones necesarias para evitar una crisis energética en el norte aunque sea a costa de firmar un contrato con Chile que ha sido cuestionado en la interna por el precio, que triplica el boliviano, y por la oportunidad, ya que parece beneficiar directamente a los ex patrones del Ministro de Energía Juan José Aranguren.En cualquier caso y dada la volatilidad nominal con la que últimamente se manejan tanto Argentina como Brasil, con mucha actividad mediáticamente hostil, no se puede dejar de lado una lectura política de fondo que pasa por secar los ingresos de uno de los últimos representantes de la izquierda latinoamericana que queda en pie en el continente. Bolivia puede librarse en el corto plazo del contrato con Brasil. Un corte que significará una reducción inmediata de ingresos líquidos por la venta de gas pero que obligará a profundizar en la industrialización al tiempo que se abren otras opciones para acceder al mercado mundial del GNL a través de Chile, post – La Haya, o Perú.El consumo interno crece, pero no todo es felicidad y parte del cinturón industrial del altiplano empieza a preocuparse por las divergencias entre lo esperado y lo realmente accedido. También el volumen parece ser el problema en la planta de Bulo Bulo. Después de una década de retrasos no tan justificados. Después de una década de certificaciones de reservas blanqueadas primero, opacadas después, inexistentes actualmente. Después de una década de soñar con la industrialización, el fantasma de haber llegado tarde también se agita. Es el momento de la verdad y de tomar decisiones quizá no tan populares.


