Crisis, pero de valores

Pero en todo este devenir varias cosas están cambiando. Mucho se ha escuchado hablar de la antigua Tarija, donde el sólo hecho de encontrar a otra persona en la calle merecía un saludo. No era necesario conocerla, simplemente se trataba de una cuestión de respeto. Lo mismo sucedía cuando...

Pero en todo este devenir varias cosas están cambiando. Mucho se ha escuchado hablar de la antigua Tarija, donde el sólo hecho de encontrar a otra persona en la calle merecía un saludo. No era necesario conocerla, simplemente se trataba de una cuestión de respeto.


Lo mismo sucedía cuando alguien ingresaba al bus o al recinto que fuera. Hoy esto se ha perdido. Niños, jóvenes e incluso adultos han dejado de lado la costumbre de saludar u otros buenos modales, que implican la existencia de un gran respeto entre iguales. 


Es cierto que la crisis económica tiene a muchos preocupados a tal punto que la tensión monetaria es el motivo de varias de nuestras conversaciones. Está claro que la palabra crisis se utiliza de una forma repetida en nuestros días, sin embargo, una crisis puede remitir a diferentes ámbitos y parcelas de la realidad. En este caso al ámbito social. 


En la actualidad, y más que antes, muchos tarijeños han doblado sus esfuerzos para conseguir una segunda y hasta una tercera fuente laboral. La gente camina de prisa y parece que algo tan sencillo como los valores, ya no es tan importante. 


Estamos presenciando en nuestro tiempo, una sistemática pérdida de nuestros valores. Por otro lado, hay quienes, sin conocer el significado de ética, utilizan el término con frecuencia y para temas, irrelevantes. 


Aparejada a esta notable “crisis de valores”, donde prima mucho más el valor monetario, podemos percibir una falta de respeto hacia las personas individuales. El modelo ético predominante es el relativismo ético, es decir, el todo vale y todo está permitido. De ahí también el elevado índice de delincuencia en los últimos años. 


La ética, lo sabemos, es la ciencia filosófica que investiga y estudia los valores de la vida y la conducta moral. La moralidad del hombre y de la mujer, debería encaminarse siempre hacia un fin honesto, puramente natural. 


Gregorio Iriarte, fallecido meses atrás, decía que “la ética recibe también el denominativo de “filosofía moral”, entendida como “la ciencia de carácter filosófico que estudia la moralidad de los seres humanos, determinando si éstos son buenos o malos”. 


El valor pues, tiene una estructura y, dentro de ella, existen cualidades relacionales. Es decir que la inteligencia y el conocimiento de los individuos, les permite descubrir sus valores intrínsecos. 


Los valores son individuales, cada persona tiene su propio modo de pensar y de sentir, pero a su vez, la sociedad también está respaldada por la inercia del momento. Pero ¿Qué valores o antivalores priman en la sociedad actual? En primer lugar, el valor de la fama alcanzada sin esfuerzo resulta muy tentador para muchos jóvenes que se dejan guiar por los falsos mitos de la televisión. Sin embargo, la verdadera felicidad y bienestar interno surge del esfuerzo, del trabajo constante, de la consecución de metas y de la realización de unos ideales.


Existe otro valor totalmente equivocado y es aquel que considera que lo que de verdad importa es la belleza física, la apariencia estética. Las personas mayores se sienten un tanto relegadas en nuestra sociedad porque no tienen espacio real. Y eso que por pura necesidad, en Tarija las personas mayores se han convertido en un pilar fundamental de la familia, ya que ejercen de “abuelos canguro” y también, dan dinero a sus hijos para poder llegar a final de mes.


La falta de espiritualidad profunda que hay en nuestros días también puede invitar a la reflexión, ya que en muchos casos, esa falta de espiritualidad deriva en el materialismo extremo. Del mismo modo, en nuestros días prima la necesidad del tener por encima del ser cuando en realidad, la identidad es fundamental para una persona.


¿Cómo se supera una crisis de valores? Tomando conciencia de ella, haciendo autocrítica, mirando al pasado para rescatar lo bueno y apostando por el presente como una oportunidad de cambio de cara al futuro. No dejemos que los problemas que soportamos nos cambien los buenos valores. 


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