El populismo solo gana elecciones
Por primera vez en más de 50 años de democracia republicana en Francia ni la socialdemocracia ni los conservadores – liberales clásicos han accedido a la segunda vuelta y por lo tanto, habrá una persona en el Elíseo que no responde a los patrones habituales.Tampoco hay que engañarse,...
Por primera vez en más de 50 años de democracia republicana en Francia ni la socialdemocracia ni los conservadores – liberales clásicos han accedido a la segunda vuelta y por lo tanto, habrá una persona en el Elíseo que no responde a los patrones habituales.Tampoco hay que engañarse, Emmanuelle Macron es un banquero liberal y europeísta de manual, incubado políticamente por el aún presidente socialista Francois Hollande, pero que en un par de años se ha liberado de la disciplina del de por sí convulso Partido Socialista francés para crear En Marche!, la enésima fórmula popular - populista emergida al calor del descontento social europeo, cansados de una década de crisis sin soluciones. Macron, de 39 años, ha copiado un poco de todos, del Podemos español que hablaba de casta y vieja política, de Donald Trump que abomina el libre mercado siendo un producto de sus entrañas o del propio Mauricio Macri que repitió el “cambiemos” hasta la saciedad. Macron es, según definen los editorialistas franceses, un progresista en lo moral y liberal en lo económico. Una fórmula nueva, pero igual.Al frente Marine Le Pen a quien las encuestas habían sobrevalorado, para variar, seguramente apostando por el factor miedo que genera la ultraderecha en ciertos sectores para movilizar el voto conservador o socialdemócrata, que finalmente también se fue al bolsillo de Macron.Las teorías modernas del populismo, la herencia de Ernesto Laclau y la recuperación del Gramsci movilizador no debe llevar a engaño. Populismo de derecha es Pedro Pablo Kuczynski manejando un tractor en el altiplano peruano; lo de los Le Pen es fascismo de toda la vida, por muchos esfuerzos que haya hecho la hija por separarse del legado ultra del Frente Nacional que forjó su padre. El último ayer, renunciando a la presidencia del partido para acercarse a los conservadores moderados que desconfían de Macron.En dos semanas habrá un nuevo presidente en Francia que confirme la tendencia outsider que ha tomado la política en el siglo XXI. Política viral, mensajes cortos y efectivos, odio a raudales y esa sensación permanente de que alguien es el que amenaza desde fuera.En Sudamérica nunca llegaron a cuajar los partidos cortados a la medida europea, por la incapacidad de entender y abordar la problemática real del continente más desigual del mundo, con un sujeto diferente. Desde hace años las fórmulas van variando en torno a liderazgos más o menos fuertes y mensajes apropiados para el momento. Es el movimiento nacional – popular, un movimiento genuinamente continental que ha tomado formas diversas y que suele funcionar como acción y reacción a medida que los dirigentes y líderes abandonan su pulsión revolucionaria con la que accedieron al poder. En esos términos se explica políticamente el continente; Macri en Argentina y Lenín Moreno en Ecuador, Pedro Pablo Kuczynski en Perú o Temer en Brasil…Bolivia está todavía lejos de las elecciones luego de que fallara el primer asalto a las ánforas en 2014, abortado por la emergencia de una tercera fuerza disonante de la oposición y por la poca claridad en el mensaje, además de la propia contundencia del MAS como maquinaria electoral. Pensando en 2019, la oposición ha dado un primer paso al mostrarse unida y dispuesta a hacer sacrificios para pelear la presidencia al MAS. Pronto deberán elegir un líder y definir un mensaje adecuado al momento actual. Exactamente igual que el MAS. La batalla, en la que entran en juego dos pulsiones, deberá sobre todo cuidar las aspiraciones del país antes de entrar en ejercicios de demagogia y populismo.


