Tariquía, de la utopía a la pragmática realidad

No es difícil que comunidades históricamente aisladas vean en los macro proyectos una oportunidad de volver a conectar con el mundo. No es difícil tampoco que el ruido sobrevuele el proyecto con fines particulares, o que alguno intente sacar más de lo razonable. Son las consecuencias de un...

No es difícil que comunidades históricamente aisladas vean en los macro proyectos una oportunidad de volver a conectar con el mundo. No es difícil tampoco que el ruido sobrevuele el proyecto con fines particulares, o que alguno intente sacar más de lo razonable. Son las consecuencias de un sistema desigual y poco honesto diseñado desde un concepto indigenista que no apreció los riesgos de dar a unos pocos la posibilidad de definir sobre el interés del Estado. La Reserva de Flora y Fauna de Tariquía es un complejo nudo ecológico que engloba a 22 comunidades pertenecientes a municipios diferentes. Caraparí, Padcaya y Entre Ríos tocan el corazón. Bermejo es también zona de influencia. Hace tres semanas algunos dirigentes de comunidades de la reserva negaban la existencia de cualquier tipo de socialización y rechazaban inicialmente el proyecto. Después del Bicentenario y de que las autoridades del Gobierno nacional hayan intensificado su agenda en Tarija, el departamento que produce el 80 por ciento de los hidrocarburos del país, los teléfonos se apagan y las declaraciones bajan de intensidad.Resulta difícil de creer que un puñado de personas, residentes en un determinado lugar, aislado y desconectado, puedan recibir la información suficiente para poder tomar una decisión de ese calibre libremente. Peor si la información es de parte. De la parte que necesita que las transnacionales ingresen en la reserva porque existen muchas más posibilidades de encontrar el gas que se requiere para honrar los contratos de exportación firmados y optimizar los proyectos de industrialización que soberanamente Bolivia ha impulsado. Tampoco es razonable que se estigmaticen las decisiones de Gobierno o se politicen las políticas de Estado con la voz baja. Ningún opositor de peso cierto ha condenado la pretensión de ingresar en la reserva. El nefasto recuerdo de pozos abandonados goteando petróleo hasta las fuentes de agua de los guaraníes se dieron en un tiempo en el que el planeta era secundario y las petroleras transnacionales se paseaban por Bolivia cual patio trasero. Exigir las previsiones necesarias de respeto al medio ambiente y utilización de la mejor tecnología es lo mínimo y el Gobierno no debería enojarse porque se le recuerde, más al contrario debería asumir compromisos globales más allá de condenar las prácticas colonialistas del ecologismo progre, que existen.Para este lunes estaba previsto que partiera una marcha desde el corazón de la Reserva hasta el centro de Tarija, donde por cierto no se decide nada al respecto de la pervivencia de Tariquía. Los dirigentes, sin embargo, empiezan a dudar sobre la viabilidad de la resistencia y todo parece que se tornará más mundano. Puede que haya calado eso de que el área de San Telmo solo se sobrepone en 80 hectáreas de las 250.000 que conforman la reserva, pero el viernes en Entre Ríos, aprobando la exploración en Huacareta había autoridades de las provincias que exigen la modificación de la Ley que garantiza el 45 por ciento de las regalías para el Gran Chaco independientemente del lugar donde se produzcan. El Ministro de Hidrocarburos descartó en entrevista con El País que ese tema fuera a ser discusión de la nueva Ley del sector. Las autoridades tampoco ya hacen referencias explícitas. Algo ha cambiado en la Reserva.


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