Pensar en los niños
De la atención que reciban depende su bienestar futuro, y también el de toda la sociedad. Pero no lo estamos haciendo bien Los problemas empiezan incluso antes de que nazcan los niños. Desde finales de los noventa ha aumentado año tras año el porcentaje de recién nacidos con...
De la atención que reciban depende su bienestar futuro, y también el de toda la sociedad. Pero no lo estamos haciendo bien
Los problemas empiezan incluso antes de que nazcan los niños. Desde finales de los noventa ha aumentado año tras año el porcentaje de recién nacidos con bajo peso. Sorprendentemente, la situación es más grave y ha aumentado más rápidamente en los bebés cuyas madres tienen educación universitaria, y ello debido a la mayor incidencia de nacimientos prematuros.
Quizás la causa sea que las mujeres más educadas están teniendo los hijos más tarde, quizás sea resultado del estilo de vida; no lo sabemos, pero debe ser motivo de alerta.
Los problemas siguen con la alta tasa de desnutrición crónica. Aunque la situación es menos crítica que hace unas décadas, aún es grave entre los infantes de madres con primaria incompleta o menos: a los cinco años de edad, uno de cada cinco niños de este grupo padece de retrasos severos en el crecimiento, que son evidencia de desnutrición crónica y constituyen un pésimo augurio sobre sus posibilidades de desarrollo mental y emotivo.
Más allá de la nutrición, el buen desarrollo de los niños depende de la atención y los estímulos que reciban. Por ejemplo, es evidente la falta de estímulos para la comunicación verbal en los hogares más pobres: a los 18 meses de edad los niños del 10% más pobre manifiestan ya un rezago significativo en el lenguaje con respecto a los niños del 10% más rico. A los 42 meses de edad ese rezago prácticamente se duplica y luego sigue ampliándose casi sin remedio.
Un indicador alarmante de la falta de atención adecuada es la frecuencia con la que se usa el castigo corporal severo, el cual conlleva problemas socioemocionales y de autorregulación. Uno de cada dos niños de madres con primaria incompleta o menos sufren castigos corporales severos, y lo mismo ocurre con uno de cada tres de madres con secundaria completa o más.
La mayoría de las madres, sin diferencia de clase, parecen tener prioridades más importantes que los hijos: está en aumento en el país que la lactancia como forma exclusiva de alimentación solo dure en promedio unos dos meses, cuando lo recomendado internacionalmente son seis meses.
Puesto que en la mayoría de hogares los dos padres tienen que trabajar y no pueden ocuparse todo el tiempo de sus hijos, la crianza pasa a depender en buena medida de quien quede al cuidado de los niños. No se sabe nada sobre la calidad del cuidado a cargo de familiares, vecinos o empleadas del servicio en el caso de las familias pudientes.
Todos estos temas están pendientes, aún hay mucho que hacer para mejorar la crianza infantil. Todos tendríamos que pensar más en los niños, y no sólo con ocasión del Día del Niño.


