Niños sin infancia

Cada cumpleaños veía el cine mudo proyectado en una sábana. Aún faltaba bastante para la televisión, para las borracheras y las fornicaciones, para el desafío al mundo. Así creció en una infancia que le permitió jugar y soñar, que le permitió no conocer la maldad y que lo mantuvo...

Cada cumpleaños veía el cine mudo proyectado en una sábana. Aún faltaba bastante para la televisión, para las borracheras y las fornicaciones, para el desafío al mundo. Así creció en una infancia que le permitió jugar y soñar, que le permitió no conocer la maldad y que lo mantuvo alejado del hambre y el frío.Pero al otro lado del mundo, Mario Ortega de 35 años se repetía constantemente: “La pobreza no es para los niños”. Él tenía 7 hijos, que mantenía con un salario de 1.200 bolivianos cuando le iba bien en su trabajo de plomero. A pesar de los estigmas de que “los hombres no lloran”, él  lloraba a menudo cuando no podía darles ropa suficiente,  juguetes o incluso el televisor que tanto soñaban. Un día, cuando el mayor cumplió ocho años tuvo que enviarlo a trabajar, ya que en una mañana de mala suerte Mario se fracturó un brazo. Él está seguro que si hubiera tenido dinero, sus hijos hubieran vivido la infancia que todo niño debe tener. “Les he robado la infancia”, dice hasta ahora y se pone melancólico. ¿Cuántos niños en Bolivia no viven su infancia como deberían? ¿Cuántos sueñan con ser capitanes de barcos, astronautas o cantantes?, ¿Cuántos no sienten hambre ni frío? … la verdad que cada vez son menos. A pesar de que la pobreza afecta al desarrollo de las capacidades de los niños, a su bienestar físico y emocional, el problema sigue ahí. Durante la última década, en la región los siguientes países prepararon estudios globales sobre la pobreza infantil y disparidades: Bolivia, Brasil, Jamaica, México y Nicaragua.Las principales características de estos informes se basan en los vínculos entre privaciones infantiles en ocho dimensiones, a saber: Educación, salud, nutrición, agua, saneamiento, vivienda, información e ingreso.Se estableció que el 84% de los niños que pertenecían al quintil más pobre de ingresos experimentaron al menos dos privaciones severas y el 100% de ellos al menos una privación grave. A pesar de que en 2006 las privaciones severas para los niños alcanzaron el 33% en Bolivia, al analizar los datos por origen étnico el porcentaje sube a 42%. Además, en 2005 las privaciones más altas en el hogar (vivienda y saneamiento) alcanzaron casi el 50% y 37% respectivamente.Sumado a esto según el Ministerio de Educación en el país hay 34.000 estudiantes que trabajan, ganan un sueldo y estudian a la vez. Muchos olvidan que  los niños que limpian autos en las calles deberían estar en la escuela, que aquellos que hacen piruetas frente a los vehículos deberían dejar de dormir en los cajeros automáticos o que aquellos que ayudan a cargar bolsas en los mercados, no deberían esforzar su cuerpo cargando peso. Lamentablemente en un país, donde incluso el trabajo infantil a los 10 años es legal, disfrutar de la infancia en medio de la pobreza es imposible. Pero no olvidemos que  “El trabajo infantil mata dos veces”, en esta frase la Organización Internacional del Trabajo (OIT) resume la realidad de los niños trabajadores que además de perder su infancia son despojados de la posibilidad de formarse para el futuro.Hoy, a tres días del Día del Niño proponemos que los esfuerzos de las autoridades  se centren en supervisar el progreso de uno de los grupos más importantes en cualquier sociedad.Se espera que instituciones gubernamentales y no gubernamentales, empresarios y trabajadores encuentren posibles soluciones para realizar a corto y mediano plazo.Es de suma urgencia hacer algo frente a la enorme cifra de niños a los que se les está robando la infancia y arruinando el porvenir en medio de la insensibilidad de tantos.


Más del autor