Un huérfano de amor
Tranquilo y sonriendo a los niños, caminaba directamente a su palacio de piedra, caverna natural, situada al pie de un cerro de la ciudad. Su herencia constaba de: costales rotos, cartones de diversos tamaños, trapos, palos, ramas secas, una tetera vieja, su grande olla de aluminio y el tesoro...
Tranquilo y sonriendo a los niños, caminaba directamente a su palacio de piedra, caverna natural, situada al pie de un cerro de la ciudad. Su herencia constaba de: costales rotos, cartones de diversos tamaños, trapos, palos, ramas secas, una tetera vieja, su grande olla de aluminio y el tesoro más sagrado: Un viejo libro escrito en latín. ¿Acaso sería la Biblia?Los que no sabían sobre él, opinaban erradamente, calificándolo de ser un loco peligroso. Pero Tito, hacía caso omiso a dichos rumores. Nuestro amigo, antes que saliera el sol, después de rezar al Señor encaminaba sus pasos hacia los mercados.Hasta que llegada la noche, hacía descansar su cuerpo luego de haber rezado al interior de la gruta, iluminado por una débil fogata. El pobre huérfano era discapacitado. Cada luna llena, luchaba consigo mismo a fin de neutralizar sus reacciones violentas. Era consciente de ello, por eso en los días “malos” como llamaba, prefería apartarse a los cerros.Un buen día, Tito, el hombre de pelos largos como champa y caminar lento desapareció. Nunca más se supo de él. Solo quedó su morada pétrea, esperando otro huésped.Todas sus cosas quedaron intactas menos el libro grande y amarillento ¿Dónde estaba? Nadie lo sabía. Pero cada vez que alguien pasa por esa zona, un sentimiento de ternura lo inunda, pensando que ahí vivió “El Loco Tito”.


