El tablero continental

En la suerte de ebullición que vuelve a vivir el continente, azotado por un Donald Trump que ha frustrado las expectativas de aquellos gobiernos más conservadores que estaban dispuestos a abrir las puertas de sus países de nuevo de par en par, los cimientos se ponen a prueba.Si alguna vez se...

En la suerte de ebullición que vuelve a vivir el continente, azotado por un Donald Trump que ha frustrado las expectativas de aquellos gobiernos más conservadores que estaban dispuestos a abrir las puertas de sus países de nuevo de par en par, los cimientos se ponen a prueba.Si alguna vez se dio por enterrada la Organización de Estados Latinoamericanos (OEA), siempre tan instrumental a los intereses del norte, ha vuelto a resurgir tan pronto como los países llamados a ejercer el liderazgo continental en el marco de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) le han dejado.Venezuela es y será la mayor reserva de petróleo del mundo, la faja del Orinoco sigue siendo el territorio ambicionado por las grandes transnacionales. El Gobierno venezolano, que ya perdió al inventor de la fórmula socialista del siglo XXI ha perdido además el combustible después del desplome de los precios del barril de petróleo, que ya no alcanza ni para financiar amistades ni programas sociales. La deriva autoritaria, negando un referéndum revocatorio a principios de 2017 pese a que la Constitución Bolivariana lo contempla ha dado munición a aquellos que gustan de hablar de dictaduras. El Tribunal Supremo dio marcha atrás a su decisión de anular la Asamblea a pedido del Consejo Nacional de la Defensa y no faltará quien vea un signo de debilidad del chavismo de Maduro, lo que alimenta aún más la presión.Ecuador, también país OPEP pero administrado con una óptica diferente, aunque también enclavada en el socialismo del siglo XXI, vivió una jornada electoral de infarto que revalidó el proyecto de Alianza País. Lenin Moreno conseguía suceder a Rafael Correa con el mismo programa, el “caudillo” que durante sus dos mandatos no ha dejado un resquicio sin presencia estatal, ni un solo problema sin agenda para mejorar. El candidato perdedor, Guillermo Lasso, intenta agitar la bandera del fraude con el mismo manual del anticipo de encuestas y dudas remotas repetidas en redes sociales, pero los líderes de la región han empezado a felicitar a Moreno.Mientras tanto, Paraguay también se incendió, su parlamento literalmente, con el intento de Horacio Cartes de modificar la Constitución por la puerta de atrás y permitirse una reelección sin caer en el “error” de su amigo Evo Morales. El Parlamento paraguayo está acostumbrado a este tipo de escándalos. Ya suspendió al presidente Fernando Lugo, ya ha permitido el sobrendeudamiento contra la Constitución. De momento Cartes ha dado marcha atrás aunque el silencio de sus vecinos le permite pensar en un nuevo intento.Al norte, Donald Trump, que no es antiliberal por muy proteccionista que se presenten sus políticas, sino que es un imperialista al uso, de los de alinear los intereses del mundo a los propios sin pestañear, debe disfrutar mientras el continente sudamericano se divide en trocitos cada vez más pequeños y enfrentados. Los casos de Venezuela, Ecuador y Paraguay, en sus diferentes medidas, son casos que conjugan a la vez democracia, Constitución y dignidad, pero en diferente grado. Cualquiera que quiera entrar en juego semejante debe tener en cuenta los tres ejemplos, o enfrentar las consecuencias.


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