Cálculos políticos y las migajas tarijeñas

Actualmente la Secretaría de Planificación estima una carga financiera de 3.500 millones de bolivianos, de los que 500 son ya planillas entregadas y aprobadas desde hace varios meses para las que no se encuentra liquidez para cancelar.Se conoce que sí hay 39 proyectos concluidos pendientes de...

Actualmente la Secretaría de Planificación estima una carga financiera de 3.500 millones de bolivianos, de los que 500 son ya planillas entregadas y aprobadas desde hace varios meses para las que no se encuentra liquidez para cancelar.Se conoce que sí hay 39 proyectos concluidos pendientes de que sean cancelados y otros 40 con planillas muy avanzadas. Para ello se está tramitando el crédito de 700 millones de bolivianos con la banca privada, pese a que los principales secretarios relacionados hayan empezado a perder la fe en que se pueda viabilizar.En los 3.000 restantes hay decenas de proyectos con avances significativos y otros tantos  con ligero avance o apenas dado el anticipo y la orden de proceder sobre los que la Gobernación debería actuar con precisión y determinación.Todos los acreedores reclaman y todos los que adeudan entremezclan sus necesidades. Los municipios por ejemplo tienen compromisos por 350 millones de bolivianos en diferente grado de avance. También las subgobernaciones, que acaparan el grueso de la deuda. La de Bermejo y O´Connor sumaron más de 1.800 millones de bolivianos comprometidos a final de 2015.El Gobierno ha dispuesto varios fideicomisos para financiar sus contrapartes pendientes. De momento van más de 160 millones de bolivianos que cubrirán proyectos de salud concurrentes, como el Hospital Oncológico o el Materno Infantil, pero también los estadios magnánimos de la Subgobernación de O´Connor o el de la alcaldía de El Valle de la Concepción.En la interpretación de la norma del fideicomiso se detecta que cabe la posibilidad de ser utilizado para cubrir proyectos que son de competencia nacional pero que se ejecutan con dinero de las Gobernaciones, que cabría aclarar que eso solo pasa en Tarija, acostumbrada a pagar sus carreteras, como la del Chaco por ejemplo, luego de cansarse de reclamar.La otra fórmula es la de contar con el financiamiento de los empresarios, que en realidad es de los bancos a través de los empresarios. De los bancos que soportan las moras más altas y las boletas con pinzas ante una inminente quiebra encadenada. Si bien el sector tiene espaldas consolidadas a nivel nacional, más de una carrera se puede ver truncada por un manejo liviano.Las quizá únicas palabras acertadas de la Ministra Prado la pasada semana cuando vino a ofrecer ayuda al Gobernador sin siquiera haberlo telefoneado antes de aterrizar es que de la solución dependen decenas de empresas y miles de puestos de trabajo.El martes trascendió que el Gobierno decidió lanzar “bonos soberanos” al mercado internacional por mil millones de dólares a un 4,5 por ciento de interés. El propio Evo Morales dijo que podían haber sido 3.000.No parece en ese contexto que la deuda tarijeña, tan vital en lo micro pero tan minúscula en lo macro, con el efecto derivado de recesión, crisis y destrucción de empleo, sea un problema insalvable y menos una “buena jugada” política para los que la esconden con un dedo, la agitan o apuestan por el sálvese quien pueda entre chicanas y débitos automáticos.La autonomía no existe en tanto no hay autonomía financiera, y en Bolivia no la hay. La solución debe venir del nivel central del Estado.


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