8M, no hay lugar para rosas
La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca montado en una ola populista machista, el estallido continental del movimiento #NiUnaMenos, abriendo los ojos sobre la impunidad del feminicidio y ciertas medidas impulsadas al calor de la lucha contra la crisis en varios gobiernos “restauradores” y...
La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca montado en una ola populista machista, el estallido continental del movimiento #NiUnaMenos, abriendo los ojos sobre la impunidad del feminicidio y ciertas medidas impulsadas al calor de la lucha contra la crisis en varios gobiernos “restauradores” y que afectan especialmente a la población más vulnerable, particularmente a las mujeres, han sembrado las bases para que el movimiento feminista, es decir, el que lucha por la igualdad, se asiente en la vanguardia de la Para hoy está convocado un paro de mujeres en más de 30 países, la mayoría de habla hispana. En un país donde el derecho a la huelga está tan devaluado como Bolivia, por el mal uso que de él hacen los jerarcas de la Central Obrera, y en el que se confunde con el cierre patronal, no se espera un seguimiento masivo, pero sí a las muchas marchas y actos convocados, así como acciones que hacen al verdadero objetivo del paro: no consumir nada para multiplicar el impacto económico.La Organización de las Naciones Unidas (ONU) hizo un flaco favor al movimiento cuando convirtió el tradicional 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora, en simplemente Día Internacional de la Mujer. Esta definición dio lugar no solo a que se repitiera el insustancial gesto de regalar flores y versar cumplidos, sino también que se multiplicaran las causas de convocatoria distrayendo el foco de atención.De un problema específico, con muchos matices: La falta de oportunidades laborales, el techo de cristal, la discriminación salarial en el puesto de trabajo, las dificultades para conciliar y otros se ha pasado a un día en el que tan pronto se habla de violencia, como se dan reconocimientos a trayectorias artísticas o culturales. Todo es violencia, sí, pero las implicaciones personales son diferentes. Los datos en Bolivia son igualmente contundentes en materia laboral, por el acceso, por la discontinuidad y por el salario, se calcula que las mujeres cobran hasta un 30 por ciento menos por el mismo trabajo. El machismo se vive cada día a nivel local pero también entre las autoridades públicas.La lucha por la paridad en los cargos públicos quedó nomás en los órganos legislativos, tanto Asambleas o Concejos, donde la obligación hace que se alcancen las cuotas y que cada partido se esfuerce por integrar a las mejores mujeres en sus listas. Eso sí, a la hora de asumir las presidencias, el varón arrasa.En los puestos ejecutivos la diferencia salta a la vista. Solo una de once alcaldes en Tarija es mujer, Gladys Alarcón en Yunchará. Ningún subgobernador es femenino. Solo una mujer en el gabinete de Adrián Oliva es mujer, Ana María Barja en Obras Públicas. Y la pauta sigue a medida que se transparentan comisiones y cargos jerárquicos.Paralelamente, las Universidades están llenas abrumadoramente de mujeres. Son más y son mejores alumnas. Para algunos es solo cuestión de tiempo que la igualdad empiece a ejercerse con solvencia. En cualquier caso, lo positivo será tener el marco claro y no sentarse a esperar que eso pase, sino hacer los esfuerzos necesarios para acelerarlo. Tarija, Bolivia y el mundo serán mejores cuando hombres y mujeres sean capaces de trabajar juntos y en condiciones de igualdad. Sin recelos, sin miedos, sin envidias, sin cargas, sin trampas.


