Desideologizar el Prosol

y peor de los que se intentó que asumiera. El Prosol nació en un contexto de confrontación. En el peor de la historia reciente tarijeña, cuando dos modelos de país se enfrentaban por la hegemonía. Por el lado campesino se convirtió en una consigna poderosa, capaz de aglutinar a todas las...

y peor de los que se intentó que asumiera.


El Prosol nació en un contexto de confrontación. En el peor de la historia reciente tarijeña, cuando dos modelos de país se enfrentaban por la hegemonía. Por el lado campesino se convirtió en una consigna poderosa, capaz de aglutinar a todas las comunidades por encima de otras consideraciones. La demanda permitió unir filas alrededor del Movimiento Al Socialismo con los campesinos en el núcleo y hacer frente al bloque tradicional tarijeño. 


Por el otro lado, la Gobernación de Mario Cossío decidió sumarse al carro y anotarse el tanto, eso sí, con unas consideraciones propias: bono familiar, sin discriminación y con absoluta individualidad en la toma de decisiones. Parecía evidente que nadie mejor que cada campesino sabría para que necesitaba los recursos que la Gobernación le podía ofrecer. Entonces eran 2.500 bolivianos anuales.


Con la llegada de Lino Condori al Salón Rojo, el programa fue mutando hacia un presunto carácter comunitario, mismo que sustenta las tesis del partido de Gobierno. Los dispendios individuales de antaño se convertían, en ocasiones, en licencias colectivas sumando los recursos de unos y otros.


Poco a poco se fue “perfeccionando” en sus automatismos al mismo tiempo que se multiplicaban los recursos disponibles llegando a los 6.000 bolivianos cuando se añadió “por una única vez” 1.500 bolivianos que sí o sí debían emplearse en proyectos de agua tras el año duro de sequía. Quedó para siempre.


La nueva normativa consagró viejos fantasmas de caudillismos y redes clientelares. El Reglamento obligaba al consenso total a la vez que daba potestad a un “Comité” para tomar todas las decisiones y validar la documentación que después nadie revisaba. También se tomó por costumbre contratar a empresas intermediarias altamente especializadas en esta provisión de bienes chinos o semillas importadas. Las denuncias de excesos, sobreprecios, desvío de fondos, compras de materiales con calidades muy diferentes a las solicitadas o la inversión en proyectos tales como salas de fiestas o trufis se convirtieron en el día a día.


La factura del Prosol empezó a elevarse hasta rozar los 200 millones de bolivianos en el último año de bonanza en 2014. Aproximadamente un 5 por ciento del presupuesto de entonces. El peor favor al mundo del agro fue instalar la idea de que el Prosol era la única inversión directa que recibía el mundo del agro. La vieja práctica de dividir y enfrentar.


El Prosol no ha resuelto las carencias básicas del campesino tarijeño, que sigue adoleciendo de agua y de escasa mecanización, donde las represas construidas con recursos departamentales siguen sin tener apenas canales para inundar los campos, peor riego por goteo y donde los bueyes siguen tirando de los arados; Tarija es tercera del país según los datos del censo.


Los recursos del Prosol no han impedido que cada helada o cada granizada los precios en los mercados se disparen, y que en agosto empiecen a saltar las alarmas por la sequía. Tampoco han logrado que se implementen nuevas industrias que abastezcan al menos los requerimientos de los muchos bonos en especie que se reparten. 


Lo que sí ha conseguido el Prosol es fomentar la desunión, el recelo, las reservas entre sectores y al fin y al cabo, el estancamiento de un sector que prometía. Es hora de que el Prosol se desligue de contenidos ideológicos y se empape de sentido común y complementario a un plan integral departamental en el que la atención a la producción sea mucho más que un bono anual.


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